En una charla de bar, Pateco el sepulturero, me contó la misteriosa desaparición de un bolitero* del pueblo…

Gasparito, El Mago, regresó a su pueblo natal después de una vida dedicada al arte del tocomocho** en los escondrijos del mundo.

Haciéndose el juey dormido y en busca de un gancho, se hizo amigo del alcalde, el cura y el juez. En poco tiempo consiguió las piezas para consumar su próximo acto.

Entonces una tarde, ahogado en su soledad, quiso reconectarse con la arena y el mar, allá por la boca del río, donde vivió en sus años de infancia. El Mar Caribe bañaba sus pies y un soplo de la maravillosa brisa tropical le quitó el peso que llevaba en la conciencia. En aquel hermoso lugar comulgó con la madre naturaleza y queriendo trascender al buen camino, alzo las manos para alcanzar el cielo.

Pero hay cosas que no se lleva el tiempo y desde la espesura del manglar, sediento de venganza, Luis, Pelao lo tenía en la mira. Vivo en su memoria aquel día navideño cuando su número salió y él se esfumó. De sudor y rencor ardían sus pupilas.

Una inquietud lo puso tembloroso y tan sobrecogido de terror que hasta le pareció oír trompetas, serafines y heraldos. Los latidos del corazón sonaron como redoble de tambor… presuroso, apretó el gatillo y desmayó.

El Mago desapareció, nadie sabe por dónde.

©Roberto López
* Dueño o vendedor de lotería ilegal.
** Timo con billete de lotería supuestamente premiados.