En una charla de bar, Pateco el sepulturero, me contó la misteriosa desaparición de un bolitero* del pueblo…
Gasparito, El Mago, regresó a su pueblo natal después de una vida dedicada al arte del tocomocho** en los escondrijos del mundo.
Haciéndose el juey dormido y en busca de un gancho, se hizo amigo del alcalde, el cura y el juez. En poco tiempo consiguió las piezas para consumar su próximo acto.
Entonces una tarde, ahogado en su soledad, quiso reconectarse con la arena y el mar, allá por la boca del río, donde vivió en sus años de infancia. El Mar Caribe bañaba sus pies y un soplo de la maravillosa brisa tropical le quitó el peso que llevaba en la conciencia. En aquel hermoso lugar comulgó con la madre naturaleza y queriendo trascender al buen camino, alzo las manos para alcanzar el cielo.
Pero hay cosas que no se lleva el tiempo y desde la espesura del manglar, sediento de venganza, Luis, Pelao lo tenía en la mira. Vivo en su memoria aquel día navideño cuando su número salió y él se esfumó. De sudor y rencor ardían sus pupilas.
Una inquietud lo puso tembloroso y tan sobrecogido de terror que hasta le pareció oír trompetas, serafines y heraldos. Los latidos del corazón sonaron como redoble de tambor… presuroso, apretó el gatillo y desmayó.
El Mago desapareció, nadie sabe por dónde.
©Roberto López
* Dueño o vendedor de lotería ilegal.
** Timo con billete de lotería supuestamente premiados.
Gracias amigos, por estos generosos comentarios.
Herbert Gold, es uno de los grandes novelistas norteamericanos del presente momento. Es, ademas, un gran estudioso del arte de contar. El dice, con mucho acierto, que existen solo 2 grandes temas en la Literatura: AMOR y MUERTE. Todos los demas son richuelos que convergen en esas 2 corrientes temáticas de la GRAN Literatura Universal. En este texto tuyo, Roberto, abrazas, con mucho acierto, ambos temas. Como decia, creo, Jorge María Ruscalleda Bercedóniz : “Escribe, carajo, escribe.”
Coincido con Josué, en este texto el autor logra mayor dominio del género. Ciertamente una narración que discurre por caminos de lo real y lo mágico en el que quedamos empotrados tratando de encontrar la salida y un final con nuestras interpretaciones. Roberto crece como autor, lo que significa una hora feliz para la literatura regional puertorriqueña.
Me gustó, Roberto, comparto lo que opina Josué. Se deja leer y nos deja con ganas de más. El vicio del juego casi siempre lleva a la muerte, pocos se arrepienten, lo malo es que algún apostador furioso se puede adelantar a la Parca misma y no hay número que se salve.
Buenísimo.
Buenísimo, Roberto, con aires, mejor decir, VENTARRONES, de leyenda. Empieza con la anécdota encuadrada en una prosa llana, ligera y profunda, de buen leer, y a medida que avanzas descorres la magia, lo real maravilloso, para llevarnos a un abanico de interpretaciones en ese final que es un nuevo comenzar. El verdadero cuento, eso lo logran los que conocen el oficio, empieza donde termina la narración. ESTUPENDO. WOW!!! Buena lectura. Uno más en el cofre que guarda los tesoros de nuestra literatura salinense.