In Memoriam
A mi hermano y amigo Maxi
Para algunos, fue un borrachín más del pueblo. Para mí fue mucho más que un hermano, mi mejor amigo. Su bondad se reflejaba cuando se le llevaba comida, había que llevar para todos, o no comía.
Su agenda diaria consistía en levantarse en las mañanas e irse a la Plaza del Mercado, donde se reunía con sus amigos y el alcohol. Para ganarse el dinero necesario para beber, servía de mensajero. “Borrachín, pero honesto” decían las personas a quienes servía. Tenían plena confianza en que podían darle dinero para llevar al banco y regresaría con su recibo.
Le gustaba el baile más que la comida. Si no encontraba pareja que le acompañara en los bailes de las famosas fiestas patronales, bailaba solo.
De solteros, solíamos hacernos bromas uno al otro. La que no olvidó fue cuando estaba en un restaurante rodeado de chicas haciéndolas de Don Juan. Al verlo, me acerqué a su mesa y con cara de disgusto le dije: “¡Qué bonito! Tu aquí pasándola bien y yo en casa esperando la leche para los nenes.” Me dijo luego que por mi culpa perdió la oportunidad de una posible conquista. Por mucho que intentó explicar que yo era su hermana, no le creyeron.
Fue mi pareja de baile en los tiempos en que la salsa era la sensación del momento. Era un “salsero de pura cepa “decía. Cuando alguien le preguntaba: — ¿Maxi, donde aprendiste a bailar? Él, muy orgulloso señalaba: —Mi hermana. En un concurso de baile de un club nocturno de la Ciudad de Nueva York, ganamos el primer premio compartido con otra pareja. Los jueces del concurso no pudieron, por mucho que nos hicieron bailar, decidirse por una sola debido a que eran dos estilos totalmente diferentes, nosotros al estilo de la isla y los ellos, al estilo de Nueva York.
Su hermana era su orgullo y cuando alguno le decía: —Oye, Maxi ¿por qué tu hermana es tan orgullosa? Contestaba con el mismo orgullo: ¿cuál de ellas? pero cuando me casé me dijo:
—Desde que te casaste con ese tipo, no sabes bailar. Y no lo decía tanto porque ya no supiera bailar, más bien quiso expresar su desagrado por haber perdido su pareja de baile preferida.
Durante la década de los 80 fue a vivir a mi apartamento del sur del Bronx y los veranos se la pasaba frente a la bodega de la calle 153 y la avenida Melrose con un grupo de puertorriqueños.
Un día me llaman del precinto policiaco para decirme que mi hermano estaba preso y yo debía comparecer a sacarlo bajo fianza. Al verme, armó una gritería diciendo: — ¡Estos tipos están locos, me arrestan por conducir en estado de embriaguez y yo ni siquiera sé conducir! — Bueno, le dije enfadada, pero andabas en un vehículo conducido por alguien que estaba borracho.
Un día llegó un tanto nervioso y me dice: —”Me voy para Puerto Rico…” y se fue.
Luego de muchos años, regreso a Puerto Rico y al ver su condición, intenté ayudarle: —Yo no merezco estar vivo, me dijo una noche. Le quité la vida a un individuo en Nueva York: era su vida o la mía, escogí la mía.
—Defensa propia, le dije.
— Pero no puedo olvidarlo.
—“Quien a hierro mata…” decía, y cada día se sumía más y más en el alcohol.
Una noche en la que me dirigía hacia el templo, me lo encuentro de camino; paré el vehículo y se subió al auto sin ser invitado.
—Voy con ustedes, dijo. Me llené de alegría y pedí a Dios un milagro.
Fue el único que asistió al servicio esa noche. Escuchó el mensaje, se lanzó de rodillas y lloró delante de la presencia de Dios durante todo el servicio. Esa noche regresó conmigo a casa. Por primera vez en mucho tiempo comió, se bañó y durmió en una cama.
Fue la última vez que le vi con vida.
Mis condolencias María, pero tu sabes que el Amor va más allá de la muerte. Lo has descripto con tanto cariño que nos has conmovido. Lo bueno es que al final rindió su vida a Dios y eso ya es un enorme consuelo. Seguramente bailará salsa en el cielo. Nunca pienso en el Cielo como un lugar aburrido. El que creó la música supongo ha de tener un lugar para tu hermano.
Bendiciones, mi querida!
Mi más sentido pésame, a ti María y tu familia. Una historia de alegría y tristeza, pero al final de gran esperanza.
Mis mas sinceras condolencias Maria.
Me uno a tu dolor. La pérdida de un ser querido abre heridas que el tiempo parece cicatrizar…
Ahora que has filtrado tu dolor con esta anécdota, con este panegírico, te exhorto a que des ese otro paso, universal y eterno, que se traduce en literatura: vístelo de magia.
Un abrazo.
Muy triste la historia y para comenzar te envio mis condolencias.Es muy triste ver como personas tan allegadas a uno,en un momento de la vida cambian.Por ejemplo el tio mio tuvo en la guerra de Korea y jamas fue la misma persona.Y hay tantas y tantas razones que solo dios puede descifrarlas.Se muy bien que dios lo tiene en sus manos.Abrazo doble.
Mis condolencias María. Cuantos abrazos se necesitan para consolar la tragedia y el desamparo en que estamos sumidos. Tantas familias, tantos amigos víctima de esta hambruna de males que nos rodea. 1080 asesinatos son miles de dolores que galopan entre los valles y las montañas y sangre que inútilmente riega la tierra. Quizás algún día termine esta vorágine de hipocresías que nos conducen hacia el pecado colectivo. Un abrazo.