Por Lcdo. José Antonio Rodríguez Quiñones                                

Palabras de Presentación

José Manuel Solá

José Manuel Solá Gómez es el acumulativo de profundas experiencias de vida que marcaron su espíritu para siempre.   Dice en su poema Palabras liminares: “soy la suma de todos mis ayeres”.  Y ciertamente esos ayeres se asoman como duendes por alguno que otro verso en sus poemas, cuando el poeta no logra mantenerlos en cautiverio.  Hay una tristeza profunda que gravita  a lo largo del quehacer literario de este representante del lirismo y que se desborda en sentimiento al expresar:   “son tantos los recuerdos, son tantas las canciones olvidadas, los poemas sin nombre….., que no puedo volar con estas alas de derrota,…. con el dolor de mi melancolía”.

 No obstante lo anterior, también podemos decir que este sensible poeta es el feliz recipiente de una riqueza muy singular, que emana  de Dios para beneplácito de todos los que disfrutamos su obra.  Hablo de la gran bendición de LAS PALABRAS.  Siente por ellas un cariño inefable.

Son sus hijas y como tal  las viste según el sentimiento que se haya apoderado de su espíritu en un momento determinado: si yo pudiera darte las palabras, tendrías ese llanto con que escribo,……  cayendo de tus ojos”.

 Son sus cómplices y con ellas transita los senderos, a veces tortuosos, del alma y el espíritu:  “esa mujer desnuda la mañana, te sirve las palabras en la mesa para que te las comas…..  y juega un ajedrez que te enloquece…

Son sus amigas, a las que cuenta y con quienes cuenta historias maravillosas:   “cuando con la mirada de tus ojos marinos derribas las murallas antiguas del Oriente, voy descalzo hasta ti,  camino del fuego.

 Sin embargo,  a veces se siente tan frustrado que ni las palabras son suficientes.  Entonces exclama: Para mi corazón no bastan las palabras”,o  dice en voz matizada de nostalgia:  “Si aún estuvieses a mi lado….., tal vez entendería el por qué de las cosas””.

 La poesía de  Solá Gómez tiene una cadencia única que se convierte en su rúbrica y sello distintivo.  Quien se embarca en una de las naves poéticas de este insigne escritor,  sabe que va a flotar sobre olas de pensamientos coherentes,  hilvanados con un cuidado especial en su forma y fondo.  Cada verso en sus poemas está revestido del más puro lirismo, en el marco de un léxico llano y simple, capaz de transmitir ideas profundas con poco esfuerzo para el lector.  Por tal razón, una segunda o tercera lectura de sus poemas obedece única y exclusivamente al deseo de profundizar en el mensaje que se obtiene y no a la dificultad de entenderlo desde la primera vez.  No obstante y como siempre he dicho:  la  poesía de Solá hay que leerla más de una vez ya que se convierte en adictiva por su lirismo y verbo cristalino.  La seducción que ejerce la primera lectura,  solo se alivia con una segunda o tercera lectura del mismo poema.  Me sucedió inicialmente con su libro Hay luz en esa casa que fue mía y créanme que Las últimas hojas de octubre,  no es la excepción a esa característica particular de la obra de nuestro respetado poeta.  Muestra de lo que aquí digo lo representan  los siguientes versos:    “no hables, solo escucha el silencio con que yo te amo, presiente la tibieza de este beso, que en esta medianoche nos busca sin palabras”.

Quien ha vivido el amor,  sabe lo que se siente cuando se disfruta de ese cautivante  sentimiento humano, aunque sea difícil describirlo. En uno de los poemas de este libro, específicamente en el que tituló No me pidas, el autor se declara lego  en el tema del amor,…. para de inmediato entrar a definir sus síntomas con ese lenguaje límpido que lo caracteriza“solo sé, que te extraño cuando llueve si tú  no estás conmigo”  o como cuando siente el corazón desbordarse en emociones por la sutileza de algún  momento único  y la inspiración  canta:   “solo sé que hago acopio de cosas infinitas  si duermes a mi lado y me das la tibieza de tu cuerpo,  como una golondrina que hace nido en el mío”.

En el espacio neurálgico de la sensualidad el escritor pulsa hábilmente su pincel literario hasta conseguir pintar en forma cuidadosa y  a la vez sugerente, temas que podrían resultar espinosos para otros sin la capacidad narratoria que él  posee.  Deslinda lo sensual de lo sexual con marcada habilidad poética, logrando transmitir el mensaje sin herir susceptibilidades, de forma tal que éste sea aceptado como lo que es,  arte comunicativo.  Escuchemos: “soltabas los gorriones de tu pecho que hacían nido en mis besos y no decías nada…….” Y añade en forma sugerente, pero con su estilo de elegancia única:  “esta noche….., quiero galopar los espacios de tu cuerpo”.

Resulta impresionante la forma en que el autor toca el tema de la muerte y el encuentro con ese ser superior y bondadoso que nos espera allá en la otra orilla.  Como un gran prestidigitador,  baraja las palabras para ubicarnos gráficamente en ese momento del cambio final: “de otra luz, desde otra distancia/ desde alguna región desconocida/  en un atardecer de esos en que ya nada esperas, ni recuerdas, ni sientes / alguien vendrá en silencio hasta el camino con los ojos tatuados, radiantes de futuro/  con palabras de amor que nunca has conocido…., a incendiar tu espacio.”

Con respecto a la poesía amorosa, pocos pueden expresar este sentimiento con la ternura que lo hace José Manuel Solá: Veamos este ejemplo: “si tú te quedas hoy, habrá un incendio de atardeceres sobre las montañas, se poblarán de voces los caminos”.   Sin embargo, a veces pareciera que su poesía se convierte en lágrima eterna que trasciende tiempo, distancia y dimensiones etéreas: El corazón del poeta solloza de amargura cuando expresa:   “de dónde, amada abandonada, lejana amada mía, me llega así de pronto esta tristeza

Hay un espacio reservado en la eternidad para alguien que dejó una huella indeleble en el alma de nuestro poeta.  Es un amor de silencios angustiosos, de vacío de vida, de sábanas con aroma de mujer insustituible, de sillones vencidos y lluvias de otoño.  De cigarrillos que queman las manos al ofuscarse el pensamiento en el ayer lejano.  Dolor de lo perdido y añoranzas del pasado.  El poeta canta su angustia cuando dice: “yo no se si es el sueño después de la vigilia, ni por qué voy descalzo por la casa”, — para luego añadir con  matices de nostalgia que se desprende del alma: –  “por qué te me cuelgas de los ojos en las noches de lluvia al pasar por tu puerta?”

Amigo entrañable……., hermano poeta, conocí la rosa que hoy falta en su jardín y que llena su vida de nostalgia.  Entiendo el sentimiento  que usted traduce en inspiración y obra trascendental de voces milenarias.  Por usted y con usted, en este momento solemne  levanto mi voz de aliento y mi copa solidaria mientras van cayendo:   Las últimas hojas de octubre.

Hasta el próximo libro de su autoría……….

 

José Antonio Rodríguez Quiñones

©Lcdo. José  A Rodríguez Quiñones,  5 de mayo de 2012.  El autor es un humanista y lider cívico cagueño que se destacó como un exitoso ejecutivo hasta su jubilación. Su historia puede leerse aquí.

Foto: Rafael Velázquez.