Era un niño de ojos grandes y mirada incisiva. Su carita redonda a pesar de la hambruna que pasaba. Siempre mostraba algun rasguño o moretón. No pasaba un día sin que recibiera golpes, ya fuera por accidente o provocado por él mismo.

Todos los días se subía a un árbol. Pasaba horas muertas tratando de cazar lagartijos y espantando a los pajaritos que se arrimaban. Hasta que un día en su peripecia de travesuras encontró un nido. Antes de que su curiosidad pudiera descubrir el contenido, un ave grande se poso sobre la rama y extendiendo sus alas cubrió el nido.

El niño bajo apresuradamente. Una vez frente al computador escribió a clasificados “on line”:

“Se solicita un ave protectora… mamá.”

© Marinín Torregrosa Sánchez, 13 de mayo de 2012.