por Tilita Sosa Santiago

El Campito es una barriada obrera; un conglomerado de casas de madera techadas de cinc que ha crecido al pie del  viejo cementerio. Por la cercanía a la morada de los muertos, sus noches están salpicadas de fantasías y alucinaciones.

Esta es la historia de un misterioso sujeto — digo sujeto porque no se sabe exactamente su naturaleza ni su procedencia — que suele salir en las oscuras noches y aprovechándose de las sombras y del silencio, provoca el pánico entre los vecinos del barrio.  El alboroto de sus pedradas estremece la noche causando sobresaltos, miedos y disgustos. 

Según los que alegan haber visto al sujeto, dicen que es una figura vestida de negro que ronda los callejones después de la medianoche.  A esas horas empieza a lanzar piedras y luego se esfuma y desaparece misteriosamente. 

Hace algunos meses cundió el pánico en El Campito. El enfado creció y la paciencia llegó a su límite debido a la frecuencia con que El Tirapiedras solía hacer de las suyas. 

Se organizaron cuadrillas a ver si se podía dar con el molestoso desconocido. Se avisó a la Policía Estatal pues los vecinos estaban dispuestos a capturar al mismo demonio con tal de volver a dormir en paz. 

En la noche del 29 de octubre, a eso de la una de la madrugada, cuando la cuadrilla estaba en vela, sonó una piedra en el techo de una casa que quebró el silencio de la noche y alborotó al vecindario. El escándalo hizo que la cuadrilla saliera en persecución sabe Dios de qué cosa.  Otra piedra voló por los aires y golpeó a uno de los integrantes de la cuadrilla, que cayó herido sangrando profusamente.  El sujeto fue perseguido por todo el barrio, las mujeres gritaban desde las ventanas cuando veían pasar el celaje y escuchaban el agitado jadeo del misterioso personaje. 

El sujeto fue acorralado y cuando apenas faltaban unos pasos para cogerlo, soltó un alarido que llenó de espanto a sus perseguidores y voló la cerca, internándose en el cementerio desapareciendo inexplicablemente entre las tumbas. 

Virgenmina Sosa Santiago

octubre 1957