por Sergio A. Rodríguez Sosa
La mayoría de los municipios derogaron las ordenanzas que disponían ceder espacios libres de costos a entidades sin fines de lucro y clases graduandas para montar kioscos durante las fiestas patronales. En estos tiempos, lo usual es que festivales de ese tipo se vendan por entero a un concesionario o promotor, quien a su vez es el que revende los espacios comerciales.

En el pasado, durante las fiestas patronales al kiosco de 4to año de la Escuela Superior Luis Muñoz Rivera se le reservaba uno de los cuatro redondeles de Cupido que poseía la Plaza Delicias en el siglo 20. Estos redondeles eran lugares comercialmente privilegiados porque durante los 10 días de fiestas se convertían en cafés al aire libre, y por lo tanto, en lugares preferidos por la clientela. Los kioscos eran toscas estructuras de madera y cinc forradas con coloridos anuncios de cervezas y licores. No faltaba una vellonera con los discos de Felipe Rodríguez y César Concepción.
Sentarse en las rústicas mesas de aquellos improvisados bares en las noches de fiestas trasmitía la magia de encontrarse en el rincón más exclusivo. Mientras, en la acera que bordeaba la plaza, las chicas caminaban luciendo sus más vistosas galas al tiempo que los chicos caminaban en sentido contrario esperando que cuando se toparan de frente con la chica de sus sueños intercambiaran gestos y miradas.
El kiosco era la principal actividad de recaudación de fondos que realizaban las clases graduandas. Eran diez intensos días de trabajo. Los turnos para atender el kiosco se repartían entre los miembros de la directiva de la clase y alguno que otro estudiante voluntario. Se suponía que esos menores de edad estuvieran supervisados por un adulto, maestro o padre, pero como se muestra en las fotos de la Clase Graduanda de 1958, no siempre era así.
En aquellas décadas, el dinero recaudado durante las Patronales se usaba principalmente para pagar la orquesta que amenizaba el baile de graduación. La actividad se celebraba de noche en alguno de los salones de baile del pueblo, preferiblemente en La Concha, un romántico lugar a orillas del Mar Caribe.
Como en todas las épocas, al igual que hoy en día, el baile de graduación de cuarto año es una noche inolvidable, una ceremonia de iniciación, un ritual de amores y desamores y de escapadas que marcan el futuro.
cc srs
Eso es verdad las fiestas se planeaban hasta con meses de anticipacion al igual que el carnaval habia que tener la vestimenta ready para esos dias y la planificacion tambien hasta en donde una se iba a parar en la plaza a quien se iba a encontrar etc. Recuerdo una buena amiga mia de la cual no voy a decir e nombre que estuvimos planificando las fiestas por meses y cuando la fui a buscar a su casa el primer dia le reventaron unas varicelas y se las perdio.
Preguntan quienes figuran en esas fotos. Ahi están retratados, el profesor jubilado Carlos Ortiz, el arquitecto Luis A. Colón y el también jubilado, el Licdo. Dante A. Rodríguez Sosa, presidente de la clase. Estos hoy ochentones se graduaron de 4to año de la Primera Escuela Superior de Salinas, en 1958, cuando su sede era la antigua Escuela Luis Muñoz Rivera.
La memoria siempre enciende el pensamiento de bellos recuerdos. Nada se pierde sólo se aleja en el tiempo.
¡Me encanta esta narración, Sergio! ¡Gracias por compartir memorias e inspirarnos a que busquemos en la nuestras! – Julie Laporte
Que rico es recordar estos tiempos! Gracias por “llevarnos a esos tiempos.” Yo no se ustedes, pero en mi tiempo de adolescente, mis amigas y yo esperabamos esas fiestas con tanto anhelo! Nos comprabamos los trajes y los zapatos – y planeabamos lo que nos ibamos a poner el primer Viernes de las fiestas, el Sabado, primero y como nos ibamos a maquillar, etc. Siempre recordare el dar vueltas por la plaza y mirar a los “papacitos chulos” de mi pueblo y de los pueblos limitrofes! Que rico!