De tanto en tanto la luna
se viene a la ciudad
a jugar a las canicas con las sombras
y uno se adormila con su luz prestada,
y pregunta el nombre de los por qué,
y se hunde en el mar de la noche
como barca al garete.
Uno baila con sus incógnitas,
y desovilla estrellas sobre el empedrado
buscando razones descabelladas.
A veces el alma reclama respuestas
a cualquier duende que pasa indiferente;
a veces los cielos se vuelven cieno,
cierran su boca redonda
y uno plañe al compás de sus propios latidos.
Uno, como en un tango, intenta un compás rítmico;
pero de pronto el bandoneón del viento
desmembra el cuerpo de la música
y ya no hay melodía
sólo un alarido.

Muchas gracias por publicarme en este entrañable encuentro digital. Abrazos!!
Esto es poesía. Felicidades.