Siempre tuvo la urgencia de ser famoso en su pueblo. Estudió día y noche la idiosincrasia del mismo y leyó todos los libros habidos y por haber. Todos le dieron la espalda y se hizo un ser extraño y abominable.
Arrastró los astros con una soga, vació los mares de un solo trago, se echó el sol en sus bolsillos…
Por último, tejió una alfombra mágica, se hecho a volar y comenzó a escribir sus mil y unas noches y su odisea. Dio en el clavo y lo logró.
Cuando salió la madrugada los encontraron yerto debajo de un puente junto a una caneca de ron, entonces consiguió lo que quería.
©Kaminero (El hombre que reencarnó tres veces)
Me gusta. Sugiere un escape. A veces la muerte aunque parezca trágica nos rescata.