(Mi primer poema, escrito en mayo 20 de 1922, el día de su muerte)
por Panchito Meléndez Santiago
Que hacen presa a mi pobre corazón…
¿Por qué me asedian? ¿Por qué me hacen llorar?
Triste empeño, tendré que recordar el pasado
y el alma se marchita.
Mi pobre, mi adorada madrecita
se quejaba y en dolor se retorcía;
la fiebre maldita, su cuerpo consumía;
la fatiga y el delirio la apresaban.
“Acércate” …, me dijo con voz entrecortada,
“se que muero, mi vida es ya acechada
por la parca y el dolor…
Y siento morir, con el ansia de recibir
un beso de tus labios, que me aliénate”.
Me acerqué, sin vacilar, besé su frente
y al contemplar su figura maternal
vi llegado el momento fatal…
Ya era presa de la traidora muerte.
Sepulturero, aquí en un rincón del cementerio
yacerá en su tumba,
te suplico que la cubras de flores cada día
para yo regarlas con mi llanto.
No oses jamás, con tu duro pico
perturbar su sueño maternal.
Sepulturero, escuchad mi súplica…
No molestes a mi pobre madrecita,
aprende a amarla, como yo la quiero:
Sin amor fugaz,
ara yo alejarme
cubierto de hastío,
Adiós madrecita,
Adiós corazón mío,
ya que no despiertas
descansa en tu PAZ.
Impreso en Guayama
1969
Pocos tiene la oportunidad de conocer a una tatarabuela. Pero cuando los sentimiento familiares abundan, la espiritualidad se enlaza con la sabiduría dejando una estela de amor filial en el tiempo, como chispa de eterna existencia.