La tarde obscureció triste, llorando el cielo lágrimas negras. Cayeron las últimas pajas de caña quemada en el valle costero. La zafra existió para comenzar su tiempo muerto, lúgubre, sin esperanza. Un fantasma que persiguió a Flor hasta el sifón donde se sumergía. Allí dejó el machete, las tiras de las mangas, la de los pantalones y dejó su pava encima de sus zapatos de hule.
Ese mismo día le preguntó su mujer:
— ¿Flor, que haces?—
— Busco la forma de echar raíces en esta zanja para quedar sembrado para siempre en mis recuerdos—contestó.
— ¿Qué quieres decir con eso?— Preguntó otra vez.
— Con un machete en la mano logré conquistarte, cultivé el fruto de mi vida y endulcé mis entrañas con su melao. En un cañaveral encontré mi pasión, mis ilusiones y hoy mueren para siempre… —
— ¡Abran la compuertaaa!— Gritó el capataz.
En un momento de distracción, Flor se dejó arrastrar por la corriente. Entonces su esposa se desmayó, cayendo en cuenta que el picador añoró echar raíces en aquellos surcos de la difunta Central Aguirre.
© 07/10/2009 Edwin Ferrer
Foto: Trabajador de la caña, 1942, por Jack Delano.
Estoy conociendo el mundo de la caña y las centrales azucareras, me parte el alma enterarme de todo lo que hay detrás. Pero a la vez es tan hermoso que deseo llegar más a sus entrañas y empaparme de esta vida que se mide en zafras en lugar de años y seguir viendo la vida desde las noches de campo y las almas de los obreros
Edwin, soy de los que creo que la Aguirre hizo más mal que bien a Salinas. Para mí hubiera sido mejor que la Aguirre nunca hubiera existido, pero como existió, debió haber desaparecido mucho antes.
Si se hace un estudio de la desapacición de las Centrales Azucareras vemos que los pueblos en los que desaparecieron primero experimentaron un mayor progreso. Por mencionar algunos, Fajardo, Vega Baja, Cayey.
Salinas se aferró a su Central y se quedó atrás.
Tu escrito es extraordinario.
Ciertamente este texto es emblemático de toda la explotación que significó para los puertorriqueños la época cuando reinaba la caña de azúcar. Aunque aparece mucho tiempo después, cuando las nuevas generaciones de salinenses desconocen las tragedias de aquella realidad, su valor como testimonio tiene paralelismo con el cuento Bagazo de Abelardo Díaz Alfaro. Pero hay una diferencia significativa: en el cuento alfarista el ser humano sucumbe como desecho, mientras que en la pieza de Edwin Ferrer, el propio ser humano, obrero, reniega de la condición en la que lo tiene sumiso y en un acto de heroísmo se autoinmola, pero no como desecho inútil, sino como semilla que vuelve a la tierra para un día germinar en un húcar con vigorosas raíces, recio tronco y robustas ramas de liberación. Cuando en Puerto Rico parece entronizarse de nuevo el abuso contra los trabajadores, este texto cobra actualidad. Consagrado es el lápiz que le da a su pueblo la fortaleza que forjan los mártires.
Mi reconocimiento.
Sergio
Edwin, sería bueno ir a Iraq… EN SUEÑOS, para venir con el cinto apretao y la musa encendía. Que está pasando contigo? Sería bueno hacer una tesina de los efectos de la guerra en los artistas, (es broma). Felicidades, cada vez que leo un escrito de este estilo, lo vivo. Viví en Aguirre por 18 años y me siento de allí. Cuando Fidel, el abuelo de mis hijos llegaba a la casa, traía con él, el olor particular del melao. Por eso cuando leía tu escrito, lo viví, y de pronto respiré el olor a melao tan único de la Central Aguirre de mis recuerdos, juventud y amor también.
Goza, escribe y dinos, que usted está con el jacho. Salud para tí y los tuyos. Un abrazo apretao’.
Maritza