Arcilla, barro, polvo diminuto,
vuelvo a ser
cuando compruebo que me equivoco
a cada rato,
que mi razón no es tanta o es escasa,
que un ansia de verdades me adelanta
la muerte,
que de nada sirven a veces ni los labios carnosos,
ni los ojos prietos de pájaros.
Yo sé que vuelvo a ser barro,
cuando me arrodillo a suplicar estrellas
para encontrarme entre las células
un retazo del alma,
una parte de aquel soplo del Génesis,
que me haga sentir nueva,
libre del error cotidiano,
sabia,
abandonada en los brazos
del eterno alfarero.
Yo vuelvo a ser arena,
cada vez que reparo
en lo frágil de la neurona colapsada,
en el vacío nihilista del periódico,
en la estatua inconclusa
de la heroína que no soy,
en mi nada sin el todo.
Yo vuelvo a ser lodo aguachento
buscando forma,
impaciente ante la inmortalidad.
©Gloria Gayoso
Gracias, gente linda, caribeños queridos, si en un instante Dios me hizo poeta, me doy por contenta si les llevo alegría o reflexión.
En un mundo tan convulsionado tener una puerta para expresar temas del alma es todo un tesoro.
Mil gracias otra vez.
Gloria
Hermosa forma de decirno la fragilidad de la vida humana que enmarca nuestras potencialidades.
Gloria, hermosisimo!
Ese suspiro, ese deseo, ese juego de vida y muerte; de la nada a lo todo, y viceversa. Comprobando huellas de vida hasta en la muerte. Visualizas muy lindo como la fe nos eterniza en polvo y en espíritu. Ese siempre estar, ese estado perenne me enamora. No nos prives de ese don angelical que posees.
Un abrazo,
Maritza