Gertrudis
Edwin Ferrer
Descalza y cabizbaja la Monserrate cruzaba,
contando palillos de fósforo de sonrisas apagadas.
Taína devuelta a la tierra, fantasma de encrucijada,
en un pañuelito blanco chavitos prietos guardaba.
Contando su desventura con ojitos de cigarra,
las rosas y las camelias con su llanto marchitaban.
Personaje pintoresco víctima de carcajada,
así contarán su historia mientras los fantasmas pasan.
El burlo barrio lamenta la muerte de la cansada,
si supieran que la vida como una tormenta pasa.
Decían que estaba loca porque su idioma no hablaba
Y con risas y con llantos así la india pasaba
Muy bonito y nostalgico poema. Edwin en todos los pueblos de Puerto Rico siempre hay mas de una Gertrudis.
Recuerdo bien tu personaje, porque vivi la epoca. Otro pintoresco personaje de Salinas fue “Virgina La Loca”, te acuerdas ?
Felicitaciones por conservar el recuerdo esas personas, ligadas a nuestra ninez.
Gumersindo
Gertrudis camina tras su supervivencia diaria por la Calle de la Virgen Monserrate. Ese primer verso desdobla el personaje y Gertrudis y la Virgen caminan descalzas y cabizbajas goteando un retrato de vulnerabilidad humana. La calle transmutada en Virgen seduce hecha imagen que toca la fibra íntima para volverse enseñanza. Desde la miseria se utiliza el verso para generar sentimientos humanitarios. En los ojos infantiles misteriosamente se suceden las escenas de la Gertrudis y desde ella, la loca, y desde nosotros, los locos, se retratan las partes oscuras de la existencia humana. El recuerdo en este caso nos confronta con la mirada confusa de la locura. A temprana edad no podemos comprenderla. Por adoctrinadas creencias vemos detras de la incomprensible realidad entidades espirituales que amamantan nuestra ignorancia. La crueldad y la ternura conviven hechas carcajadas burlonas y risas compasivas. La cansada virgen arrastra nuestros pecados compadeciéndose de la torpeza humana y de sus paradójicos sentimientos. Gertrudis no es solo un personaje pintoresco, es un aguijón repetitivo metido en la conciencia. Ahora las Gertrudis se nos multiplican deambulando con pote en mano en los semáforos, donde únicamente se detienen los autos, mientras los pensamientos prosiguen la marcha despreocupados.