Este escrito se basa en una entrevista a los dueños del Teatro Monserrate, don Jesús Monserrate y doña Lydia Anselmi y fue publicado en el semanario Salinas Hoy en marzo de 1989.
Antes de edificar el Teatro Monserrate, don Jesús tenía arrendado el “Ranchón”, que al modificar y hacer más cómodo, aumentó la clientela de los entusiastas cineastas. Se dio cuenta del potencial comercial que representaba una buena sala de cine y es así como decide comprar el local. Es para los años 1942-43 que adquiere la propiedad.

Hernán Monserrate [imaginamos su hermano o algún pariente suyo] hizo el diseño y el maestro Hilario González construyó la nueva sala de cine.
Don Jesús indica las dificultades que tuvo para conseguir los materiales de construcción, porque se estaba escenificando la Segunda Guerra Mundial en los campos de Europa y África. Esta situación obligó al estado a restringir una serie de artículos, entre ellos todos los materiales de construcción.
Don Jesús se vio obligado a hacer mil peripecias para conseguir los materiales. El zinc, por ejemplo, lo adquiere de un viejo ranchón de tabaco en Barranquitas.

Al fin en el 1944 se inaugura el Teatro Monserrate, dando una función gratis para el pueblo. Las películas más taquilleras para esos días eran las mexicanas y las series de vaqueros.
Aquello fue el inicio de la época dorada del cine en Salinas. Era el medio de diversión más accesible para el público del campo y los barrios costeros que acudirían por multitudes, utilizando la guagua, como medio de transporte.
Entre los artistas que pasaron por la sala del Teatro, podemos mencionar a Los Chavales de España, Floripondia, Richardini, Tintán, Vitola, Los Hispanos, Pérez Prado, el Show del Monte, entre otros tantos.
No podemos dejar de mencionar las películas protagonizadas por Jorge Negrete, María Félix, Luis y Tony Aguilar, Flor Silvestre, Cantinflas, hasta nuestros mejores recuerdos.
El matrimonio Monserrate-Anselmi mantuvo por más de cuarenta años la sala de cine en su poder.![]()
Al principio el precio de la entrada era de 6 y 11 centavos, lo que hizo que la demanda por ver películas fuera enorme.
De los operadores de proyector que trabajaron en el Teatro, recordamos a Cheche, Frank Ortiz, don Tomás Pérez y Quique Pacheco.
No podíamos dejar de destacar la labor de las vendedoras de taquillas, entre ellas se encontraban Luz Rivera, Tita Benítez, Julín, Isaura, Migdalia Guevara, Marisel López y Gladys de López.
En 1985, don Jesús se decidió a vender el cine a un empresario de Patillas. Este a su vez, lo vende a Peggy Lugo, quien también vende la propiedad, un 4 de abril, al comerciante Rodolfo Joya. Este último modificó totalmente la estructura y la convirtió en una moderna tienda de ropa, pero dejó como decoración varias butacas y el proyector del antiguo Teatro, como un relato gráfico del ayer.
Al transcurrir los años nunca se nos olvidará ese recuerdo tan hermoso que fue el Teatro Monserrate de Salinas.
La amistad de los Monserrate con mi mamá, trascendía casi a la familiaridad. Eramos vecinos ventana con ventana y eran muchas las conversaciones desde la ventana de la cocina de Doña Lydia a la ventana de nuestro comedor. Doña Lydia, se movió a ayudar a mi mamá, que pasaba por una situación económica precaria debido al fracaso de mi padre y más tarde, al ella enviudar en el 1945. Para ayudarla, la reclutó para cotejar las entradas todas las noches, por lo que quizás algunos recuerdan ver a mi mamá sentada al lado de Doña Lydia a la entrada del cine. Esto trajo también que yo fuera todas las noches al cine, pagando 2 0 3 chavos. Otros datos históricos relacionados al cine Monserrate:… al principio la cartelera se anunciaba en unas estructuras de cinc, con las letras escritas en cal (creo), localizadas en varias esquinas del pueblo, y el artista era Cheche. El personaje más famoso en el cine era Eliseo, quien trabajaba con los Monserrate. Persona muy humilde y servicial, desafortunadamente algunos se mofaban de él. Recuerdo que le gritaban “Eliseo Gandures” (no sé por qué). Finalmente, no podemos olvidar a Doña Juana, que siempre se sentaba en el primer asiento de la tercera fila de atrás hacia adelante, en el extremo norte. ¡Hay de quien se le antojara sentarse en su asiento!
Hermosos recuerdos… yo también trabajé en la taquilla..
Hermoso relato.
Danilo, te felicito por la reproducción del artículo sobre el Teatro Monserrate y me alegra mucho porque confirma con lujo de detalles mis vivencias personales. Ciertamente tenía sólo entre tres y cuatro años para la época de la construcción e inauguración del Teatro, de todo lo cual ante mis propios ojos y para mi asombro me acuerdo de manera clara y detallada. Compruebo por mí mismo que no se puede subestimar las capacidades de un infante. Saludos.