Serie El Microrrelato
El microrrelato es una composición literaria en la que uno no se puede dar
muchos lujos. Muy parecido a un combate a 3 asaltos, para continuar el ejemplo de Cortázar, donde ninguno de los combatientes, el autor y el lector/a, pueden andarse con rodeos. Cada movimiento cuenta. Cada envío cuenta. En cada esquina de cada oración, el escritor de microrrelatos debe de emplearse a fondo, para dar ese final sorpresivo que ha de virar patas arriba al lector/a, porque de lo contrario, es a él/ella al que ponen de nalgas en el entarimado. Se gana o se pierde por nocaut. No hay decisiones unánimes ni divididas. Nada de descalificaciones, empates ni nocauts técnicos.
En el microrrelato el efecto, más que la anécdota, es la estrella del espectáculo, como lo es el nocaut en el boxeo, el gol en el balompié y el cuadrangular en el juego de pelota. Así de facilito.
10 asaltos son muchos asaltos para un microrrelato. En 3 hay que hacerlo todo. Ganas en el primero o usas 2 para hacer lo que tienes que hacer y en el 3ro das el palo o te apuntas una derrota.
Con 200 palabras o menos se puede escribir un buen microrrelato. Con 400 un prólogo. Con 600 un ensayo con todas las de la ley. Con 1000 una novela y con 2.000 un texto de Historia, con notas al calce y apéndices.
Con más de 2.000 empieza uno a repetirse.
Los políticos se mueven en la esfera de los 2.000 plus palabras.
Para el escritor, igual que para los políticos y para los politiqueros todavía más, la palabra es herramienta de trabajo. A diario tiene uno que buscar maneras de comprenderla mejor para hacer mejor uso de su fuerza, porque las palabras tienen un alto grado de poder explosivo en cada sílaba.
No en balde se ha dicho que puede más un escritor con una pluma, que un soldado con un fusil.
Estoy convencido que no ha habido ningún evento de envergadura en el acontecer histórico de la humanidad donde la palabra no haya desempeñado un papel protagónico.
Miren si tengo razón, que la Biblia, quizá el libro más difundido del planeta, dice que PRIMERO fue el VERBO y lo que vino después fue un sálvese quien pueda.
Lo que deseo comunicar con todo lo anterior es que debemos procurar estudiar a fondo las palabras para perderles el miedo. Hacer de ellas nuestro instrumento de trabajo, porque, en ocasiones, el valor del discurso no radica tanto en el qué, sino en el cómo.
© Josué Santiago de la Cruz
En la palabra se puede describir todo, sentimiento, emoción hasta el dardo se puede clavar a través de ella.
El microrrelato me apasiona, me intriga y me desafía de forma constante.
Un saludo
Muy buen reflexión Josué, nos fue dada la palabra como arma para el amor o para el odio. Las elegimos nosotros, nuestras son las consecuencias, lo que decimos o decretamos acontece.
Tus recetas para el micorrelato son de acertada utilidad, dado que vienen de un experto talentoso.
Ëxitos siempre!
Gloria
No hay mejor manera de explicarlo. Me gusta la comparación con el boxeo,porque las peleas a 10 rounds la mayor parte del tiempo son aburridas.
Gracias Cacique.
Con este escrito Josué nos sintetiza de manera ejemplar los fundamentos del género del micro cuento. Nadie mejor que él para indicarnos rutas a seguir en este arte en el que sobresale como uno de los narradores de micros de nuestro País.
Precisamente ya está en circulación su libro Cuentos y descuentos, un repertorio de microrrelatos donde demuestra el dominio que tiene del género al propio tiempo que nos reta el entendimiento y la imaginación. Exhortamos a nuestros lectores a que adquieran este libro y tengan un encuentro maravilloso con la literatura contemporánea puertorriqueña. Próximamente daremos mas detalles donde adquirir esta obra.