Después de mucho buscar trabajo en los periódicos de los domingos, y antes de dejar regados todos los papeles por el piso, me fijé en un aviso minúsculo, casi escondido, en un rincón de la enorme página. Recuerdo con claridad lo que decía: «Necesitamos guardianes de noche, excelente remuneración, grato ambiente de trabajo».
En aquel entonces mis solicitudes de empleo ya eran innumerables, largas colas en diferentes tipos de trabajo, y siempre la misma respuesta: deje su currículum y lo estaremos llamando.
Por eso aquella mañana soleada de otoño me dirigí sin ninguna esperanza, caminando casi como un autómata, hacia la dirección indicada. Había lustrado mis únicos zapatos y les había cambiado la plantilla de cartón para que no entrara el polvo de las calles.
Inicialmente pensé que me había equivocado de dirección: ninguna cola de personas con su clásico sobre manila en la mano, nadie en la salita de espera. Era un edificio antiguo, al costado de la Iglesia San Sebastián del jirón Ica. Las paredes desportilladas, la puerta desvencijada. Al fondo un viejo me miró y me dijo, pasa, te estaba esperando, tú debes ser el del aviso. La persona con la que debes llegar a un acuerdo recién viene a las siete de la noche, si deseas regresas o la esperas. Miré el sol y calculé que no eran ni las diez de la mañana. Como no me alcanzaba para el pasaje de regreso, me dirigí a la iglesia a descansar en las bancas. La misa había terminado y muchos viejos estaban sentados esperando por esperar. Me di cuenta de que casi todos estaban medio ciegos. Pensé que era una convención de ciegos, pero ni hablaban ni rezaban. Después del mediodía una monja gorda con nariz de ají rocoto reventado pasó con una enorme canasta de pan, que luego repartió entre los presentes. Me miró de mala gana y, después de pensarlo, regresó y me entregó otro pan. Luego vendría con un vaso de emoliente.
Al caer la tarde, una bandada de pájaros se paró sobre el ciprés enfrente de la iglesia. La casa del costado seguía con la puerta abierta.
A las siete en punto, un hombre enjuto y mal vestido, de pocas palabras, me entregó un sobre con mi pago adelantado y unas llaves. Usted se encargará de la vigilancia por las noches. Si desea se puede quedar a vivir en el cuarto del fondo.
Esa noche no pude dormir. Desde la iglesia llegaban voces de ánimas en pena, en mi pequeño cuarto estuvieron tocando la puerta toda la noche y sobre el techo de calamina parecía que no dejaba de caer piedras.
Al día siguiente mi cuerpo temblaba de miedo. Una mujer me miró sorprendida y me dijo vaya, duraste una noche, ¿no sabes que este sitio ha sido un cementerio hace mucho tiempo?
No le hice caso y me puse a regar las plantas. Barrí el local y acomodé algunos cuadros que estaban caídos. Varias fotos viejas del siglo pasado, raídas por el tiempo, yacían en el callejón. Todas tenían un nombre con la caligrafía Palmer que me enseñaron en el colegio. Y poco a poco el pánico se fue apoderando de mí al ver que la primera foto era del primer viejo que vi. Y las demás, con nombre y todo, correspondían con fechas diferentes a los ciegos que vi en la iglesia. Hasta había un retrato de una mujer con una nariz enorme y la inscripción de «Hna. Lucía». Al final, al voltear el último, mi sangre se congeló: era mi propia imagen, pero de ochenta años antes.
Entonces me rodearon todos y me miraron con alegría: sabíamos que regresarías. Los muertos nunca nos perdemos.
© David Arce
El autor es un escritor peruano ganador de varios premios en certámenes de cuentos en su país. Además de desempeñarse como médico psiquiatra practica la fotografía artística.
Hola Luciesmit,
Tienes nombre de cantante. Yo soy de Chulucanas. Y tengo familia en Morropon. Mi abuelo Victor Martino fue de alla. Si deseas puedes escribirme a: david_arce@hotmail.com.
Saludos,
David
Hola David,
Entre a tu pagina porque senti curiosidad por saber quien eras, llevamos el mismo apellido MARTINO, soy de del Norte, Piura.
Te felicito, me gusto tu escrito.
Te deseo exitos
Saludos
Lusiesmit Martino
Para Encuentro… al Sur es un honor contar con las colaboraciones de dos excelentes escritores latinoamericanos como Gloria Gayoso y David Arce. Acá, en la continua travesía existencial de nuestro pueblo, nos empeñamos en lanzar los salvavidas que fortalecen nuestra identidad nacional. Lo hacemos desde el microentorno porque es la tierra que alberga las raíces sin las cuales no podríamos nutrir el tronco y las ramas de nuestra identidad como ciudadanos del universo. Autores como ustedes, desde otros microuniversos, abren las ventanas que muestran y confirman que el encuentro de todos desde la intimidad de las experiencias formativas del yo es lo que realmente crea el universo. Porque el universo no es otra cosa que la suma de muchos microcosmos. La suma de yoses.
Hola Gloria,
Muchas gracias por tus palabras.
Como te dije recién me di cuenta que los buenos amigos, Pepe, Josué, de la vieja Esquina, habían saludado mi participación en este foro. No me di cuenta porque no sabía como entrar a la página. Ahora, gracias a ti, puedo recibir los extractos de lo publicado.
Yo creo que también es importante ir hacia adelante: descubrirás nuvas experiencias, tal vez insospechadas. Gracias a Sergio también.
Abrazos,
David
Dios mío!!!!!!!!!!!! David, qué buena historia, me corrió un hilo de sudor frío ante este “dèja vú”. Los muertos en la Iglesia y ese trabajo extraño como último recurso a la pobreza. Para salir de puntillas y dar vuelta los retratos… Será verdad Doc, que el cerebro humano puede ir hacia atrás y adelante como un minicomponente con los C.D.? De ser así yo no quiero ir hacia adelante me agrada estar en mi primer baile y dando mi primer beso jejejejej
Me encanta leerte, conoces mucho del alma humana y para se escritor hay que tener buen oído y buena vista, por profesión los tienes, por eso este excelente resultado.
Cariños, sin neurosis!!!!!
Gloria