Argumentar si una persona mereció o no un premio después de habérsele conferido es tan académico como argüir que no todos los astros que vemos brillar en el firmamento están actualmente ahí. Es por eso que lo propio sería conjeturar sobre las implicaciones de dicha distinción a la luz de los acontecimientos actuales.
Me parece que nunca antes la paz ha sido un tema de tanta relevancia como lo es hoy y es por eso que, lejos de entrar en los méritos de Obama para merecer el Premio Nobel de la Paz, lo que procede es preguntarnos:
¿Qué deberá, o qué tendría que hacer él para justificarlo?
El terrorismo, tanto el de afuera como el de fabricación casera, ha convertido nuestro espacio habitacional en un barril de pólvora. Expresión ésta algo vieja e imprecisa, porque lo correcto sería decir en un arsenal de bombas y dispositivos nucleares.
En el Medio-Este no se sabe cuál es el verdadero rostro del terrorismo porque cada bando reclama para sí el derecho único de la verdad. Aunque a decir verdad, nadie tiene derecho a involucrarse en los asuntos internos de ningún país soberano, de la misma manera que a nadie le asiste el derecho a sacrificar vidas humanas en aras de una verdad.
Es por esas marcadas diferencias de intereses económicos y cultura que al que acá llamamos terrorista allá los denominan patriota y a los que allá llaman “perros capitalistas”, que guarda iguales connotaciones que terroristas y algo más, acá convertimos en senadores, secretarios de defensa, directores de la CIA y hasta presidentes.
No es el acto, sino la causa lo define al héroe y la óptica desde donde se le mire.
Mi madre, que era muy particular en sus cosas, solía decir: “Esté salao o esté sabrío yo me lo espeto, pero en asuntos de marido y mujer yo no me meto”.
“Sabia virtud, la de mi madre, de conocer el tiempo”.
Quizá la paz es un concepto demasiado abstracto, indefinido e indefinible, por lo que a lo mejor
sea necesario tranzar por algo menos abarcador, como podría ser el diálogo.
Mientras el mundo convulsiona y la paz se convierte más y más en botín de guerra, el universo también convulsiona a consecuencia de esa tendencia nuestra hacia el conflicto.
Deforestamos el planeta, lo desangramos. Contaminamos el aire y el agua y abrimos una brecha en la atmósfera para precipitar su devastación. De todas las especies que lo habitan, sólo nosotros somos responsables por su destrucción.
Nuestra especial tendencia a la violencia ha convertido al planeta en un campo de batalla. En una tierra de nadie donde la ley del más fuerte y poderoso es la Ley.
Toda esa realidad que a grandes rasgos hemos trazado nos lleva a la pregunta inicial: ¿Qué deberá o tendría que hacer Barack Obama para justificar ese Premio Nobel de la Paz que se le confirió?
Si bien no es justo pretender encontrar los cuernos del diablo en los Estados Unidos, lo mismo no puede decirse de su candela.
La violencia en USA se ha convertido en parte de nuestro cotidiano vivir. La vemos en cada largometraje que se proyecta, tanto en los teatros como en la pantalla chica. Está en los comerciales, en los programas de entretenimiento familiar, en los sketches de comedia, los muñequitos que nuestros niños presencian una y otra vez. En las escuelas y los centros de trabajo, en las calles, en el gobierno y en nuestras instituciones religiosas. Hemos desarrollado una actitud patológica hacia la violencia al punto de considerarla como un rasgo inherente a nuestra personalidad individual y colectiva.
No existe un lugar en el planeta donde se glorifique más la violencia que en los Estados Unidos de America. Una violencia sin motivo. Sin causa y sin razón. Una violencia sin nombre.
Esa misma violencia que acá nos consume ha generado, y continúa generando, mucha violencia en el mundo.
En Cuba, esa violencia de la que hablamos, voló el acorazado Maine, matando a un número de tripulantes, todos ellos estadounidense, y antes de Cuba, en Nuevo México: “Remember the Alamo”.
En la República Dominicana impuso a un Rafael Leonidas Trujillo, en Cuba a Batista, en Nicaragua a Somoza, en Panamá a Noriega, en Chile a Pinochet y donde quiera que miremos hemos de ver el tridente inflamado con el fuego que en USA arde sin control por doquier.
La prensa estadounidense, portavoz de los grandes intereses multinacionales que no reconocen principios de humanidad ni le hacen coro al patriotismo, ha sido, desde tiempos inmemoriales, la encargada de crear las condiciones psicológicas (condiciones subjetivas, como les llaman los economistas) para justificar la violencia. Para legitimarla.
Así fuimos testigos de cómo la cadena de periódicos de la familia Hearst, encabezaba cada uno de sus rotativos con la frase inflamatoria REMEMBER THE MAINE, para manipular la opinión popular y precipitar el conflicto iberoamericano.
Hoy la carrera armamentista, que décadas en el pasado se circunscribía a la Unión Soviética, Estados Unidos y en un grado mucho menor, China, se ha versificado de manera alarmante.
Se sabe que otras naciones (Reino Unido de Gran Bretaña, Irlanda del Norte, República Francesa, India, Pakistán y Corea del Norte) están en posesión de armas nucleares (hay razones para suponer que Israel también la tiene) y otras muchas poseen la técnica para fabricarlas y/o el dinero y las conexiones para adquirirlas.
Eso constituye un serio peligro para la humanidad porque cinco de esas poderosas armas, colocadas de manera estratégica, son suficientes para destruir toda forma de vida bajo su atmósfera.
En gran medida, la historia está ahí para corroborarlo, el gobierno norteamericano ha contribuido a que eso sea como es. Recordemos, para no entrar en un fatigoso desglose de hechos irrefutables, al célebre Oliver North y su participación en el sonado caso de venta de armamentos, información y trafico de drogas, conocido, entonces, como “The Iran-Contra Scandal”.
Aún no cumple un año en su mandato y a Barack Obama se le confiere el Premio Nobel de la Paz, quizá no tanto por sus méritos personales en la consecución de tan prístino ideal, como por las grandes y esperanzadoras posibilidades que se le vislumbran para alcanzarlo. O por lo menos, para dar pasos importantes que nos pongan en camino de lograrlo.
De acuerdo a los estatutos federales del gobierno norteamericano Barack Obama no puede ejercer el cargo de presidente más allá de dos términos, si es que recibe el favor de sus compatriotas en las urnas, por lo que sería insensato esperar que en ocho años pueda un hombre y un gobierno transformar lo que costó tanto tiempo edificar: la cultura de violencia que hoy mina al pueblo que preside.
La pregunta que arriba esbozamos no compete a nosotros contestar, pero nos reservamos el derecho a que se nos conteste y nos comprometemos, al menos así lo veo yo, a ser partícipes de ese esfuerzo por buscar unos puntos de encuentro donde pueda expresarse a sus anchas la palabra conciliatoria. Para que prevalezca el diálogo sobre la intolerancia.
© Josué Santiago de la Cruz
Qué bien Josué.
Excelente ensayo. Se muestra la verdadera sensibilidad, aquello que disfrazamos con tantos problemas que nos aquejan. Tenemos presente que la “paz” es un tema del que siempre se está hablando inconsciente o conscientemente, porque lo acepten o no, es lo que nos maneja.
En contraposición de la paz está la guerra, que si lo vemos desde un punto cotidiano son los problemas que nos abruman en nuestra sociedad. En mi opinión no queda más que decir… ¡excelente!!!
Muy buen ensayo Josué. Solicito permiso para publicar el mismo en el portal cibernético de la Marcha Mundial Por la Paz Puerto Rico, Blog de la Comunidad para el Desarrollo Humano, y en el portal de Paz, Fuerza y Alegría (Movimiento Humanista) en Colombia.
En tiempos en los que vivimos necesitamos levantar nuestra voz, tan magistralmente como lo has hecho a través de tu ensayo. Es tiempo de que el mundo abra los ojos. Es tiempo de que le demos una oportunidad a la Paz. Claro que es algo que no vendrá de la noche a la mañana, pero necesitamos denunciar la violencia, venga de donde venga.
Has denunciado y sintetizado, la raíz de toda la violencia que hay en el mundo. El ser humano debe comenzar por superar la violencia interna que existe en su interior como consecuencia de su sufrimiento interno. Aprendamos a superar nuestro sufrimiento interno y nuestra violencia personal para poder alcanzar los mas grandes anhelos de la humanidad, un mundo donde el ser humano sea solidario y no violento.
Carlos A. Roman, Presidente
Comunidad para el Desarrollo Humano
Movimiento Humanista Internacional
Puerto Rico
Una vez escuché o lo leí en algún lado, ahora no logro precisar bien el detalle, que “La guerra es algo demasiado serio para dejarla en manos de los generales”.
Entonces, me pareció una expresión sin sentido, algo incongruente, porque si en algunas manos debe recaer, eso pensaba entonces, la guerra era en las de los generales porque éstos estaban entrenados precisamente para esos menesteres. Pero luego comprendí, que así como el sueño de todo aspirante a escritor es figurar en un libro. Igual ocurre con los militares de alto rango que sueñan, aunque lo nieguen, con ser protagonistas de una guerra que los eleve a categoría de héroe militar.
Solo tenemos que recordar recordar el rostro de George Bush, hijo, cuando hablaba de la guerra y de lo orgulloso que se sentía de ser presidente en tiempo de guerra. El estudio de la literatura y su práctica nos enseña a mirar y a ver, a oír y a escuchar y a no olvidar.
La paz no es rentable y esa es la tragedia de nuestro tiempo, de la misma manera como una humanidad saludable amenaza la estabilidad económica de la industria de la salud.
Cuando George Bush, hijo, era candidato a la nominación republicana para la presidencia Barbar Walters lo entrevistó. Esa vez él dijo lo que luego hizo y nadie, entonces, le hizo caso porque NO sabemos escuchar: “Saddam [Hussein] puso un precio a la cabeza de mi padre y yo amo a mi padre”
Aquello le ganó muchos adeptos porque a todos nos agrada escuchar frases como esas de la boca de nuestros líderes. Eso los proyecta en toda su dimensión humana. Pero yo le comenté a mi esposa y a mis amigos: “Ese hombre va a ganar la presidencia y nos va a meter en un problema mayúsculo”
Nunca quise estar profundamente equivocado como en aquella predicción, pero la historia confirmó lo dicho por mí en aquella ocasión.
Tenemos que abrir una línea de comunicación que nos lleve al diálogo porque es en el diálogo donde se resuelven los grandes problemas de la humanidad. Hay que establecer ese diálogo respetando, sobre todo y ante todo, las diferencias culturales de nuestros interlocutores.
Sólo así se logrará vivir en comunidad, aspirando siempre a la paz.
Gracias Gloria, Edelmiro y Roberto Q. por sus comentarios.
Josue te felicito por este ensayo. El mismo debes circularlo también en la prensa de nuestra nación para que muchos “eruditos” del país puedan entender hacia donde debemos dirigirnos sin violentar mas una palabra tan sencilla como es la PAZ…..
Bravo Josué. Enjundioso ensayo.
Muy bueno Josué! No quiero ser apocalíptica, pero temo por la humanidad entera. La palabra “paz” murió con el primer asesinato de Caín y después siguieron…
ni la pérdida del Paraíso calmó a la Bestia, y mucho menos cuando un Señor sin atavíos lujosos predicó sobre otro reino…
Un abrazo fraterno en un ´”líbranos del mal” al unísono con todos los que añoramos un futuro mejor.
Sinceramente.
Gloria