Recientemente hubo unas elecciones en Chile que se decidirán dentro de varias semanas en una segunda vuelta. Uno piensa que en Chile viven solo chilenos. Pero cuando se descascara la demografía de ese país explota ante nuestros ojos otra realidad. Entre los aproximadamente 17 millones de personas que habitan el territorio chileno hay unas naciones indígenas que pugnan por conservar sus derechos territoriales y humanos. Esa lucha ocurre dentro de un país que no se ha destacado precisamente por una tradición democrática. Basta recordar, tan reciente como en la década de 1970, la desaparición y el asesinato de miles de jóvenes por el mero hecho de no pensar igual que los que controlaban el Estado. En ese devenir histórico las naciones indígenas han llevado la peor parte desde la llegada de los conquistadores europeos. Por aquello de disipar nuestro desconocimiento sobre las realidades de otros pueblos del mundo le presentamos un video en el que los mapuches exponen su versión de la situación en que viven hace siglos.
Carlos Marx solía decir que la única verdad absoluta y a su vez transformable era la lucha. Ella es una verdad que existe, contrario a lo argumentado por la filosofía idealista y sus afluentes filosóficos, más allá de nuestra realidad e independientemente de que la aceptemos así o no. Es una verdad que sobrepasa toda verdad y le sobrevive.
La lucha por sobrevivir y por existir que viene librando la nación Mapuche es, como sabemos antiquísima, por lo que constituyen un ejemplo y debe constituirse en una lección para los pueblos opresores de que los pueblos, como la materia y como la lucha misma, son indestructibles e indivisibles.
Ayer, como bien afirman, fue contra los Incas (quizá mucho antes fue contra sabe Dios quien o quienes), más tarde contra los europeos y ahora contra los hijos de aquéllos y los otros que se creen amos y señores de la verdad. Me parece que en esa lucha los mapuches tienen todas las de ganar porque ellos saben luchar y saben imponerse a la adversidad.
Como aquél Ministro de Guerra del Vietcong que en medio de las conversaciones de cese al fuego puso su fusil sobre la mesa y le dijo a los invasores que pusieran ellos el número de años que quieren pelear, 50, 100, 200 años, porque ellos estaban a costumbrado al combate.
Así percibo a esta gente valiente y firme en sus propósitos.
Yo también me solidarizo con ellos y su lucha.
Generalmente la injusticia proviene del egoísmo. El amor al dinero, el afán de tener más y más hace caer al hombre en los desmanes que nos presenta esta subjetividad política. ¿Por qué no miramos a Jesucristo?
Me solidarizo con los mapuches y con los otros pueblos sufridos de América.
¡Dios mío! Ningún pueblo será verdaderamente próspero si no deja de avasallar a su propio hermano…
Grandes desgracias acaecerán hasta que aprendamos,¿ o no quedará nadie para aprender?