“Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”
Se sentó al tocador de espaldas al espejo. Su mirada se perdió en el recuerdo remontándose a tiempos lejanos. No se volteó para ver la hinchazón en su cara ni los moretones alrededor de sus ojos. Tampoco quiso mirar las marcas que dejaron los dedos de su amado en su cuello. Convertida en una especie de mortaja, recordó el día en que le conoció. Era el hombre más guapo que había visto jamás. Dedicada a los estudios, sus investigaciones no le dejaban tiempo libre para el amor, hasta que llegó él a su vida.
Poco a poco él la fue poseyendo. Se apoderó de su vida y la encerró en un castillo de cristal donde le dio mucho más de lo necesario para vivir. En aquella época, pensó que vivía un cuento de hadas: una princesa rescatada por su príncipe azul.
—Quiero que seas mía, que sólo mis ojos te vean —le había dicho casi a diario durante los cinco años de matrimonio.
Ella, halagada por la intensidad en la demostración de amor, se fue despojando de sí misma hasta perder su libertad, le entregó todo. Se convirtió en su esclava y fue presa por amor.
Comenzó a quebrarse el castillo una noche en que enfurecido porque ella llegó retrasada, golpeó su cuerpo frágil hasta dejarlo inerte en el suelo. Los años se hicieron largos ante el abuso físico y mental: un instante la golpeaba hasta de patadas para luego tirarse junto a ella sollozando:
—Perdóname, por favor, perdóname, no quise hacerte daño —le rogaba.
Ella le perdonó una y otra vez convencida de que era ella quien provocaba la ira que se apoderaba de él y le convertía en tirano.
—Te amo más que a mi vida,— le repetía mil veces al día.
Y el noventa por ciento del tiempo ella veía ese amor reflejado en su rostro cuando la colmaba de atenciones, de lujos.
<<Pero hoy>>, pensaba al voltearse lentamente y con detenimiento para ver el reflejo que la escrudiñaba desde el otro lado del espejo, <<esto tiene que terminar aquí. >>
Luego de caminar a su lado tanto tiempo, amándolo, perdonándolo, cubriendo sus golpes con trajes de seda y encajes, tratando de que el ciclo de violencia que había comenzado en su niñez terminara, decidió que su vida daría un giro de 360 grados.
Se despojó de todas sus dudas, dejándolas en el suelo tiradas junto a sus ropas lujosas; cubrió su cara con el maquillaje que ocultaría sus heridas y con paso firme salió de aquel aposento llorando la pérdida del ser que a pesar de los golpes, amaba. Despojada de la esclavitud, corrió hacia la libertad añorada, pero no por ella, sino por la semilla plantada en su vientre.
©María del C. Guzmán
Un relato muy realista Maria y un buen tema en estos tiempos.No estoy de acuerdo con el maltrato a su pareja, pero como dice Josue existe tambien el maltrato hacia los hombres.Ahora hay movimientos feministas que liberan a algunas mujeres de una forma equivocada donde se convierte en un libertinaje obcesivo.Las parejas deben de ayudarse a confrontar los problemas mutuamente,buscar ayuda profesional,educarse y comunicarse sanamente para convivir en amor y comprension.Aplauso de pie.Edwin.
Es un mensaje del sistema wordpress que ocurre cuando se resetean algunos de los settings del blog. Nada que ver con el contenido mismo del mensaje. Se refiere a una operación rutinaria que indica que los comentarios no se hacen públicos en tiempo real.
“Josué Dice: Tu comentario será revisado antes de publicarse”
No entiendo eso, Sergio, Lo busqué en los demás comentarios y no se repite. Entiendo lo que dicen las palabras, pero no logro racionalizarlo.
Las mujeres no se quedan atrás. También ellas, algunas de ellas, victimizan al hombre, de palabras, y las más bravas, hasta nos caen a palos.
La historia está llena de casos de mujeres abusadoras. Devoradoras de hombres, como les llamó Rómulo Gallegos.
Catalina La Grande, Lucrecia Borgia, Graca Machet, Evita Perón y una mujer de Salinas, ya anciana, que la vida le dio un gran hombre por esposo, son ejemplos históricos de mujeres abusadoras.
A esas mujeres se les perdonan los abusos porque “Ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón”.
“Si Dios hizo un anverso para un reverso, si para lo que es no, ha hecho un si; si para un día claro hizo una noche oscura, si para un sol radiante, también hizo la luna”, así dice la letra de un viejo bolero que ya nadie canta ni recuerda, como tampoco a nadie parece importarle gran cosa que a nosotros, los hombres, la primera idea importante del Creador (me van a guindar por los… las féminas) también nos abusan. ¿Verdad muchachos?
Excelente relato del maltrato machista. Generalmente las mujeres que lo padecen lo ocultan durante años, no pueden ver la salida, se culpan a sí mismas y escuchan la retahila de excusas de parte del matratador. Aquí la protagonista logra salir del círculo para resgauardar al hijo, cosa loable de por sí, pero no hay en ella, como en la vida real un asomo de autoestima que pueda ver lo enfermo de la relación y romper con ese lazo de amor esclavo.
Vuelvo a repetir que es un excelente retrato de una mujer sometida a violencia. Muchas siguen amando al golpeador.
Cariños María!
Gloria
María retrata un caso muy común entre las mujeres maltratadas. Es el modelo indeseado de la mujer sometida a su maltratante que no logra romper el círculo vicioso de codependencia por su propia convicción liberadora. Que cuando al parecer lo hace, media una razón poderosa pero igualmente de naturaleza emocional que la impulsa a apartarse de su agresor no por la condición misma de mujer maltratada. El conocimiento de la verdad como fuerza liberadora no logra concretizarse en el personaje