Podemos decir que todos tenemos héroes. Dios y otras figuras religiosas son sin duda los más venerados y adorados por los seres humanos. También existen personajes de carne y hueso que adquieren status de semidioses que tratamos de emular o que tienen efectos positivos en nuestras vidas, como Martin Luther King, Pedro Albizu Campos, y Roberto Clemente, para mencionar a algunos.

La mayoría de estas personas, sin embargo, no ha tenido un impacto directo en nuestras subsistencias. Vi a Clemente sólo en televisión cuando era chico. Los únicos recuerdos que tengo de Albizu y Dr. King fueron a través de fotos, grabaciones viejas o algún escrito sobre sus vidas.
Hay otros héroes anónimos que pasan desapercibidos frente a nuestros propios ojos. No es hasta que se despiden hacia “una mejor vida’’ que realizamos cuan importante eran para nosotros y para nuestra comunidad.

Tuve el placer de conocer a Joaquín Rivera prácticamente desde el mismo momento que llegué a Filadelfia en el 1979. Mi hermano Efraín, que me trajo a Filadelfia desde Ponce, Puerto Rico en uno de sus viajes a la isla, fue miembro fundador de la gran Alianza Puertorriqueña, una organización de derechos civiles donde la mayoría de los líderes puertorriqueños/latinos y amigos de la comunidad hispana de aquella época eran miembros.

Ángel Ortiz, Benjamín Ramos, Rafael Acosta, Rosemary Cubas, Israel “Izzy’’ Colón, Lydia Hernández-Vélez, Rafaela Colón, Manny Ortiz, Danny Rodríguez, Edgardo Vázquez, Josué Santiago de la Cruz, Aleida García, Nilsa González, Irma López, Carmen Febo-San Miguel, Jorge Santiago, Juan Ramos, Jimmy Seale-Collazo, Harry Mirach, Raúl Serrano, Wilfredo Rojas, Hiram Carmona, Iraida Afanador, los hermanos Cáceres, Altagracia Oppenheimer, Juan González, Lisa Baird, y los reverendos Roger Zepernick y David Ungerleider eran todos parte de ese gran núcleo que acondicionó el camino para la nueva generación de líderes que estaba en gestación y que luchó con éxito por los derechos de una comunidad marginada. (Los logros de la Alianza durante esa dura y difícil época son material para otro día.)

Joaquín Rivera fue tan vital miembro de esa organización como todos y cada uno de los arriba mencionados. Muchos de esos líderes se distanciaron unos de los otros por diferentes razones. Joaquín se mantuvo tan sólido como el Peñón de Gibraltar, como una estrella que no perdió brillo.

Joaquín fue miembro también del Congreso Nacional Pro Derechos de los Puertorriqueños, junto a varios de nosotros, después que la Alianza fuera desapareciendo lentamente. Además fundó a los Pleneros del Batey, como muchos de ustedes saben. También fue amigo esencialmente de cada organización o grupo de la comunidad, como El Taller Puertorriqueño, Aspira, Congreso de Latinos Unidos, Concilio, APM, Centro Claver, El Centro Corretjer y fue miembro fundador de AMLA, la Asociación de Músicos Latinoamericanos.

Una fiesta de la comunidad no era fiesta si no estaba Joaquín. Se podía ver a Joaquín y sus Pleneros del Batey en casi todos los eventos comunitarios, brindándoles alegría a todos. Joaco, como le decíamos algunos, fue además gran amigo de Community Focus/Enfoque Comunal y de la familia Roche.

Por las razones ante expuestas y muchas más es que le quiero rendir tributo a ese gran hombre que tuve la dicha de conocer y compartir muchos momentos fructíferos. Y quiero poner ese tributo en el ciberespacio para que nos ayude a borrar el penoso recuerdo de sus últimos agonizantes minutos en el salón de emergencia (si es que se le puede llamar así), porque personas como Joaquín deben ser recordadas y reconocidas por las cosas positivas que lograron y por lo mucho que significaron para nosotros. ¡Descansa en paz hermanito!

David Roche Santiago

11 de diciembre del 2009