Arriba del ring era una fiera, con un variado arsenal de alto poder explosivo en los nudillos.

Defendió el título infinidad de veces sin acogerse al consenso de los jueces.

Los chicos de la prensa lo adulaban. El Senado lo proclamó héroe nacional y en Fortaleza lo recibieron a cuerpo de rey.

Una vez saciada el hambre enganchó los guantes.

Como nunca aprendió las reglas del juego en la calle perdió todos los combates por descalificación.

© Josué Santiago de la Cruz