Perdóneme Señora
No fue un beso de aquellos
que laceran el alma
amargando un recuerdo.
Más bien fue un leve roce
sobre sus labios puros
como presagio incierto
de un viaje sin regreso.
Porque sé que me alejo
y se apaga la llama
que mantuvo a mi alma
suspendida en el tiempo.
Y quise como niño
como niño travieso
dejarle un beso mío
como lágrima al viento
Perdóneme Señora
fue mi póstumo beso.
©José Alberto Santiago
Ilustración: “Desnudo de un guerrero con lanza” 1816, de Théodore Géricault (1791-1824)