La vida es afluente del vino,

tributaria perpetua

de la botella,

se bebe saboreando sus picores,botella3 copy

amansando la lengua.

La taberna desciende a los infiernos,

se apodera del miedo oculto,

lo deslíe en los vasos,

pronostica mejoras inconexas.

El aire enrarecido

en la cochambre del mostrador amigo,

baja a los pulmones y los llena

de demencias, antiguas plañideras.

El camarero demora en los pedidos,

los alcoholes vacían sus valencias

en las soledades recónditas

del  hombre frente a la mesa.

Es un desposeído más

que arrastra las piernas,

le cuelgan los ayes de las orejas

pero no se da cuenta.

Sólo el vino bermejo sube a su garganta

como una tarántula de hiedra

y le borra el sentido lentamente

y le olvida el recuerdo

y le quita la pena.

 

© Gloria Gayoso