Erase un niño humilde y bueno; era incapaz de faltas de urbanidad y todos decían que era o que llegaría a ser un ciudadano modelo. No fue así; porque andando el tiempo fue mejor conocido con el Rebelde.
Su primera demostración de rebeldía sucedió allá para el séptimo u octavo grados… hace tiempo.
Fue en plena clase de gobierno civil. El maestro decía que Puerto Rico era una prolongación de los Estados Unidos de América; y el Rebelde pronunció que el míster estaba equivocado ¡¡!!
Enfurecido el míster le preguntó:
— ¿Por qué estoy equivocado, niño?
—Porque, contestó el niño, Porque Puerto Rico es una prolongación de las islas antillanas; primero, porque en Puerto Rico se habla en español y se ora y se reza en español…
— ¡Basta, niño!, dijo el míster algo molesto.
De ahí en adelante
Aquel perfecto estudiante
fue mirado con malos ojos
porque vio sin anteojos
la verdad, y solamente la verdad.
Tuvo el coraje valiente de decir
lo que se siente,
y aunque todos dijeron que fue un
impertinente, él se siente, si, señor
aún él se siente, ante Dios y ante
la gente; que más vale ser rebelde
que carnero del redil;
que a la postre habrá de morir…
Impenitente.
Hoy por hoy aquel rebelde bendito se pasea impertérritamente entre pobre y entre ricos. Hoy es un hombre grande porque a tiempo dijo lo que su alma de niño le inspiró decir;… y lo dijo. De más está señalar que lo expulsaron de las aulas escolares.
Anteayer me lo encontré y le dije:
—Oye rebelde ¿cómo te ha ido la rebeldía?
Y me contestó risueño:
—Me tienen ya nominado para alcalde.
— ¿Y quién es tu contendor?
Dijome con firmeza:
— En la república nadie; en la mogolla dos mil.
Este cuento señoril, De las cosas de mi tierra A muchos quizás le aterra, el devenir Mas como el jíbaro astuto de los montes y las sierras; ¡Borinqueño! Pon tus oídos en tierra. Que lo que fuere será, antes de la otra guerra; que empezará en San Juan y acabará en Puerta ‘e Tierra. Y si acaso tienes duda de que esto así será, piénsalo desde ahora Que en la casa del ahorca’o No debe nombrarse la soga; ¡Verdad!Por Antonio Ferrer Atilano, 1969 ©Ediciones Abeyno
Muy interesante y verdadero. Estos escritos son muy importantes para nuestra historia. No podemos dejar que el tiempo olvide este baluartes.
Toñito fue, esencialmente, poeta y su prosa da testimonio de lo dicho.
Aunque busca desarraigarse de la manera tradicional de contar el cuento de su época, no le dedicó muchas horas al oficio de contar como para dejarnos una idea clara de hacia dónde iba en ese derrotero. Es por eso que vemos que el poeta hunde sus garras en el prosista y termina, si no venciéndolo en una guerra despiadada y frontal, seduciéndolo con esa cadencia que la poesía le impone a sus giros en el decir.
El tema que lo mueve a escribir el cuento es un tema recurrente entre los escritores durante aquellos años de incertidumbre (no que éstos sean menos inciertos), cuando la libertad parecía algo parecido a una quimera.
Quizá por eso el tono quimérico del relato y la presencia fundamentalmente incontaminada del niño, como el ente transformador en el cuento, y la libertad, el anhelo de libertad, que encuentra asidero en la defensa de lo nuestro, malinterpretada por el maestro y la sociedad de entonces.
Esta narración de Toñito, que no creo haberla conocido y si la conozco, ya la había olvidado, está inmersa dentro de la temática nacionalista de la década de 1920 y algo entrada a los cuarenta (el nacionalismo literario de René Marqués entra en caracterizaciones más directas y a su vez más simbólicas. La figura de don Pedro ejerce, entonces y en su producción, papel de gran relevancia), quizá los primeros años de la ascensión al poder del Partido Popular y su eventual transición hacia la derecha para terminar en el centro, porque recurre al eufemismo conceptual, cosa que, tanto René y más aún José Luis González, habrían de pulverizar, tanto en la narrativa como en la dramaturgia.
Independientemente de su valoración literaria, pienso que estamos ante el embrión del cuento literario en Salinas, que hoy cuenta entre sus cultivadores con un ramillete de buenos y talentosos narradores que auguran un mejor porvenir del que tuvo Toñito que caminó solo sembrando semillas.
Gracias Sergio por traernos este valioso documento. Esta piedra sobre la cual hoy se edifica el edificio de nuestra narrativa.
Regusto de recuerdos y emociones
a leer del rebelde su poesía.
A falta de versos y flores,
en su nombre me tomo una fría.