Se sentó en una silla y no se levantó más. La tristeza y el desasosiego le carcomían el espíritu. Su cara dibujaba inconformidad.
Su hijo, familiares y vecinos le hicieron la vida más fácil. Le compraron una silla de ruedas en la que podía orinar, defecar y hasta bañarse. Por la noche lo acostaban en su cama de posiciones y al otro día lo volvían a sentar en su inseparable silla.
Un día regresó su antigua vecina tras largos años de haber emigrado a Nueva York. El mismo tiempo que Epifanio llevaba postrado en la silla.
Al verla, se levantó lo más campante y se fue con ella.
©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 23 de marzo de 2010
Esta fabuloso, es algo triste y a la vez picaresco. Hay tanta gente cobrando pensión sin tener nada. Despues de esta guerra el gobierno se va a ir en banca rota. Se lo mostraré a todos mis amigos pensionados para que se regosijen. Aplauso de pie.
Buen escrito y bien logrado. Me sorprendió el final. Felicitaciones. Según mi punto de vista y sin miedo a diferir, me parece que Epifanio es un “fregao”.
Muy bueno este relato. Creo como Josué que vamos por buen camino en el género del microrrelato. Por eso subscribo su llamado a profundizar en el género, que, en otras palabras quiere decir capacitarnos más en sus técnicas, ensayar, experimentar y estar dispuestos a digerir con buen temple la evaluación y autoevaluación que se haga de los textos. En esa dirección hemos iniciado una serie sobre el microrrelato. Cada uno de esos ensayos breves entendemos pueden ser motivo para preguntar y comentar lo relacionado al arte de la microficción.
Aquí hay talento de sobra, se trata de pulir el diamante. En Encuentro al Sur se halla una valiosa muestra de los autores que publicado aquí sus micronarraciones, con el abrazo de siempre ellos son:
María del C. Gómez
Roberto López
Edwin Ferrer
Marinín Torregrosa
Edelmiro Rodríguez
Roberto Quiñones
Félix M. Ortiz
Gloria Gayoso
Rafy Ledée
Maribel Rivera
José Alberto Santiago
Gloria Dones
Y por supuesto Josué Santiago de la Cruz
Reiteramos nuestra invitación a los cultivadores del género, los que han participado y los que hasta ahora no han participado, a que nos envíen sus micros o a publicar sus textos en la página Microrrelatos de Encuentro Al Sur.
Buenísimo!!!!!!!!!!!!! El amor todo lo puede. Un relato para analizar desde varios puntos de vista. La silla bien pudiera ser todo lo atávico de un ser humano, todo lo impuesto, lo obligatorio de cumplir, frente a la resignación del inválido, que sólo es liberado por una mujer. Sólo el lector puede inferir que por amor dejó de estar atado, dejó de ser un paralítico y se puso en acción.
Muy bien narrado, Edelmiro! El final es algo inesperado, es de película. Muy apto para dramatizar.
Felicitaciones.
Gloria
He estado observando, casi desde la bruma que me he impuesto para adelantar en algo mi propia producción, los adelantos cualitativos que en el microrrelato han estado haciendo tú, Marinín, Roberto Quiñones, Félix y Edwin. El más reciente de Marinín es, sencillamente una joya en su colección que va en aumento.
Este tuyo muy bueno, Edelmiro y los más recientes que he leído aquí de Roberto auguran un futuro prometedor del género en Salinas. De Edwin sería llover sobre mojado decir mucho más de lo ya dicho porque su obra es clara y dice mucho al respecto. María tiene un gran talento para la literatura minimalista, Rafy Ledée también e igual Roberto López.
Hay mucho espacio para crecer y para constituir a Salinas, porque talento, obra y capacida de desarrollo la hay, en la MECA del micro en Puerto Rico. Pero tenemos (sé que me van a malinterpretar) que tomar con seriedad el oficio de escribir. Tenemos que echar a un lado las nimiedades de ego y fantasmas que nos acosan de pasados que deben ser enterrados o capitalizados literariamente.
Yo estoy dispuesto a bregar y bregar, aún en demérito de mi propia producción personal, pero hay que tener compromiso, espíritu de sacrificio y trabajar en equipo. En esa condiciones brego, sin esas condiciones camino solo.
Perdona Edelmiro que use tu espacio para esto. Me gusta tu micro. Sigue escribiendo.