La presión del puñal en el cuello la despertó.
—Quieta.
Quiso gritar para despertar la hija, pero desistió. Optó por observar, con cautela, el reflejo de la navaja en el techo…
Entre sollozos, cerró los ojos y se ensimismó…
Un sonido seco irrumpió el silencio y se escuchó una voz imperiosa desde el estrado:
—Señora, conteste la pregunta.
© David Roche, 2007

David Roche Santiago es un ponceño radicado en Filadelfia donde se ha destacado como defensor de los derechos civiles de las minorías. Fue uno de los fundadores del periódico bilingüe Community Focus/Enfoque Comunal taller donde se desarrollo como periodista y artista gráfico. Ha escrito poemas y narraciones y tiene varios trabajos inéditos, entre los que se suman, relatos y poesías.
Gracias, compañeros. A diario suceden relatos que nos pueden servir de inspiración. Este micorrelato, y otro que lo titulé El Despertar, nació de una serie de artículos que publicó el diario anglosajón The Philadelphia Inquirer sobre cómo el sistema judicial, desde la policía hasta la fiscalía y el mismo juez, consideraba (y todavía considera) casos de hostigamiento sexual, violación y de homicidios contra la mujer, incluso niñas.
El título de este excepcional relato breve de David (Reincidencia) es la primera parada que hace el lector antes de abordarlo. De entrada, el lector que conoce de la importancia del título en una micronarración, reconoce o por lo menos se pone sobre aviso, porque David generosamente le lanza una migaja de pan para que no se pierda en su búsqueda, de que algo ha de haber reiterativo en el cuento. Cosa decididamente odiosa y letal, por su brevedad, en la estructura léxica del microrrelato.
La oración de arranque (La presión del puñal en el cuello la despertó.), corta y precisa, nos ubica de inmediato en la escena donde se desarrolla, inicialmente, la acción del cuento. Pero hace más esa primera oración, tan cargada de dramatismo y matices cinematográficos. Nos presenta una situación espeluznante que anticipa un final no menos dramático: despertar en medio de la noche con un puñal en la garganta no es, como decir, un alegre despertar.
Con gran maestría del suspenso y de la acción dramática, el primer argumento es claro, preciso, contundente y amenazante. “Quieta”, dice el intruso, sin levantar la voz y sin temblar, pero esa palabra, dicha sin ninguna inflexión en la voz, en la noche y con un arma blanca presionando la garganta de su víctima, es todo un discurso. Sin duda paralizante. Con la autoridad de quien lo ha hecho antes y disfruta haciéndolo. De esa misma manera nos atrapa David en la lectura de su relato: Si hemos pasado el umbral del título ambiguo y en cierto punto desconcertante, para llegar a las puertas del drama que nos presenta, ese puñal igual nos obliga a asumir una posición de forzada quietud para ver o sentir qué vendrá a continuación.
La víctima, en lo que sigue, se transforma en mártir porque ante las posibilidad de levanta a la hija que duerme, para no exponerle a la experiencia de aquella cosa horrible, prefiere enfrentar, con resignación, el peligro sola y valientemente.
La imagen suya mirando el reflejo de la navaja en el techo es un logro extraordinario en el cuento que lo hace, volvamos a decirlo, una texto fundamentalmente cinematográfico, muy al estilo de las grandes producciones cinematográficas de Alfred Hitchcock y Orson Welles.
Pasado el drama terrible del abuso, ultraje, de que fue víctima, solloza, que es diferente a llorar sin control, y se ensimisma, cae en un estado de abandono introspectivo. En un casi total desprendimiento de su entorno y de sí misma.
Magistralmente, porque conoce muy bien las técnicas narrativas y los tiempos y el ritmo del relato, David abre un espacio en la narración. Un silencio elocuente, que mueve a especulación para ser interrumpido con un golpe, uno solo, seco y autoritario de mallete y la voz del magistrado:
“— Señora, conteste la pregunta”
Un micro redondo este del amigo David que contiene todos los ingredientes (Concreción, simbología, atmósfera, buen ritmo, manejo inteligente del léxico literario, sencillez en la exposición, profundidad temática, credibilidad, drama y claridad en su estructura, etc.
Estoy muy orgulloso de David pues con este texto demuestra una madurez que auguran un futuro prometedor.,
Muy bueno David. Es la ironía del que comete doble delito. Me imagino que fue presionada por algún abogado corrupto o algún fiscal.