Desde niño, Rubén era un genio de las computadoras. Tanto es así, que apretando no sé cuantas teclas podía alterar el diseño de los juegos electrónicos y los programas más complicados.
La compañía japonesa Si Tecojo, Inc. se enteró de las habilidades de Rubén y lo contrató para diseñar la seguridad de los juegos y programas de computadora. Se ganaba un sueldo fabuloso.
Muchos años después, Panchito, su amigo de la infancia, quiso averiguar que había sido de la vida de Rubén.
Navegó por la Internet y descubrió que su amigo estaba en una cárcel japonesa de máxima seguridad extinguiendo una larga condena y sin acceso a medio electrónico alguno.
Había transferido todos los activos líquidos de la compañía, que sumaban miles de millones de dólares, a un banco en un planeta de una galaxia desconocida.
©Edelmiro J. Rodríguez Sosa
26 de mayo de 2010.
Estoy de acuerdo con Gloria y Josué, Edelmiro, por el crecimiento de los inescrupulosos y quien sabe el dinero donde va. Me recuerda la corporacion ENRON. Muy futurístico y muy galáctico, para el que se deja engañar por los que saborean a Wall St. Aplauso de pie.
¡Hum! en ese banco deben estar los fondos de la UPI, Depto. de Educación, Salud…¡oh no! Están en los acensos a la Policia que iban a festejar hoy en Fortaleza.
Relato interesantísimo, con aire futurista, algo fantástico.
Muy distinto, por lo atrevido, de lo que hasta el momento llevas publicado por aquí y eso, en lo tocante al género de la microficción, me gusta y augura cosas renovadoras provenientes de tu imaginación.
Muy bueno, Edelmiro, los dones se pueden usar tanto para el bien como para el mal. Siempre estamos eligiendo entre estas dos opciones. El niño de tu cuento me recuerda a muchos de la raza política, empiezan siendo brillantes, más tarde se llevan todos los lingotes de oro…
Cariños