El pasado sábado fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Canadiense el estelar segunda base de los azulejos de Toronto, Roberto Alomar. El 10 veces ganador del Guante de Oro de las Grandes Ligas recibió con alegría la distinción y dijo sentirse orgulloso de haber vestido el uniforme del los azulejos, con cuya gorra prometió algún día recibir idéntica distinción en Cooperstown. Alomar, que también es miembro del Salón de la Fama del Béisbol Latinoamericano, por no mencionar los de su país de origen, fue víctima de la visión prejuiciada de algunos cronistas deportivos que impidieron fuera exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Estadounidense a pesar de sus incuestionables méritos.
El salinense, nacido en un hospital de Ponce, posee un extraordinario récord beisbolero, que lo coloca entre los grandes de todos los tiempos de ese deporte. Es también el ídolo de una enorme fanática en los Estados Unidos y el Mundo. En Puerto Rico, es inspiración para cientos de niños que desde las pequeñas ligas buscan emularlo. Ese hecho lo ejemplariza la expresión de admiración y cariño manifestada recientemente por el cayeyano Christian Colón, seleccionado por los reales de Kansas City en la cuarta ronda del sorteo de novatos para las Grandes Ligas.
Se espera que en la próxima votación para la exaltación del Salón de la Fama del Béisbol de Estados Unidos se superen los prejuicios y nuestro Roberto Alomar ingrese victorioso a ese pabellón con la gorra de los azulejos en la cabeza y la bandera puertorriqueña en el corazón.
srs
Roberto Alomar fue uno mis peloteros favoritos, junto al otro astro nuestro Roberto Clemente y Pete Rose. Como Clemente, fue uno de esa rara especie de jugadores completos, los que se conocen como peloteros con 5 herramientas (5-tool players), que lo mismo te ganan un juego conectando un sencillo, un cuadrangular, robándose una base, sacando a un jugador con un tiro certero o con una atrapada espectacular.
Además fue uno de los toleteros más inteligentes de su época -y en la historia- y que no escatimaba en sacrificar parte de su juego para ayudar a su equipo, dando un toque para adelantar a un corredor, etc. En el más grande de los escenarios, en los playoffs, y en particular la Serie Mundial, de las que ganó dos con Toronto, donde se separan los hombres de los niños, nunca padeció del “frío olímpico’’, bateando para .313 en 11 series en 7 temporadas y .347 en las dos series mundiales.
Esperamos que el béisbol estadounidense siga el ejemplo de su hermana nación al norte y no retrase la incursión de quizás el mejor defensor del segundo saco en la historia del mejor béisbol del mundo, aunque sea un año más tarde.
Honor a quien honor merece. Roberto Clemente fue un jugador con fineza en el campo beisbolero. Lo mismo que Roberto Alomar, son héroes que llevaron el juego de pelota a otro nivel. Dos boricuas de pura casta. Todos sabemos que merece el salón de la fama, indudablemente.
Bravo te felicitamos Robertito. De igual forma el mundo entero se gozará cuando entres al Salón de la fama del béisbol de grandes ligas en Cooperstown. Yo me alegro dos veces por ser puertorriqueño primero y por ser de allí de La Carmen. Saludos para tu papa mi amigo Santos, desde Chicago, Illinois, Raúl Díaz Suárez.