Al otro lado de los portones, con guardias estatales apostados para evitar disturbios, los chicos de la prensa protestaban la actitud beligerante del presidente senatorial.

—Eso no se puede hacer— dijo un asesor legislativo.

—¿Cómo que no?

—Es inconstitucional.

—¡Búsquenme la constitución!

La secretaria salió hacia la biblioteca del Capitolio y al poco rato llegó con una copia del documento que él tomó, como si fuera un periódico de ayer.

—¿Inconstitucional, dijiste?

Ante la mirada de asombro de los presentes, se bajó los pantalones…

© Josué Santiago de la Cruz