Ángel Luis Rivera soñaba con ser policía y pertenecer a la Unidad de Operaciones Tácticas, mejor conocida como la Fuerza de Choque.  Para ello fue acondicionando su cuerpo haciendo ejercicios y tomando sustancias anabólicas para aumentar su masa corporal.

Llegado a la mayoría de edad tomó los exámenes de ingreso a la policía fracasando en varias ocasiones.  Finalmente fue aceptado para ingresar en la fuerza. Pasaron varios años al cabo de los cuales fue asignado a la Unidad de Operaciones Tácticas.

Participó en innumerables asignaciones en donde se destacó por su fiereza y e intolerancia con los disidentes.

Fue llamado para proteger El Capitolio en una manifestación organizada por los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico.

La policía inició una ofensiva y masacró a los manifestantes.  Dos estudiantes encapuchados fueron atacados sin misericordia por el agente Rivera que le gritaban algo que él, en la embriaguez de los macanazos, no entendió.

Los encapuchados fueron llevados al Centro Médico. Uno de ellos llegó muerto y al otro se le diagnosticó grave daño cerebral que lo dejaría cuadripléjico.

A eso de las siete de la noche del fatídico día llamaron al agente Rivera para que se personara al Centro Médico. Allí descubrió que los encapuchados eran sus hijos.

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 12 de julio de 2010