Los ancestros africanos de los burros fueron domesticados por primera vez alrededor del año 5000 antes de Cristo.  Desde entonces han sido utilizados como animales de carga y como cabalgadura.

Los burros varían considerablemente de tamaño.  En la mayoría de los casos su talla oscila entre 0.9 y 1.4 metros.  El color más habitual entre los burros es el gris, en todos sus tonos y matices.  Los hay blanco y negros y abundan también las tonalidad pardas.  Estos animales llegan a vivir hasta cuarenta años.  Se defiende de sus enemigos dando fuertes coces con sus patas traseras.  También pueden golpear con sus patas delanteras y dar mordiscos.  La aparición del burro en el Nuevo Mundo se produjo en 1495 cuando Cristóbal Colón trajo en su expedición cuatro machos y dos hembras.  Posteriormente otros colonos europeos importaron diversas variedades de burros tanto de España como de Francia, principalmente con el objetivo de producir mulas cruzando burros machos con yeguas.  Siempre se producían en menos escalas burdéganos, es decir hijos de caballos con burras.

Existe un cúmulo de referencias sobre los burros en la literatura universal y en la cultura popular a través de todo el mundo. Ese es el caso del la figura del burro en las Fábulas de Esopo, donde usualmente este animal representa a la gente humilde y pobre en diversas situaciones.  Los romanos tomaban el encuentro con un asno como presagio de calamidades.  En el folclor europeo se le atribuía poderes curativos a la cola del burro en caso de tosferina y picadura de escorpión. Es conocida en todo el mundo la estampa que rememora la entrada de Jesucristo a Jerusalén montado en un pollino. La huída de Egipto también se representa con María y el niño cabalgando sobre el lomo de un burro. Los asnos aparecen mencionados en la Biblia desde el comienzo. Recordemos que en el Génesis se narra que Caín mató a su hermano Abel utilizando como arma homicida la quijada de un burro. En El Quijote,  la obra cumbre de la literatura española, el rucio de Sancho Panza juega un papel preponderante.  Un burro también es el símbolo del Partido Demócrata de los Estados Unidos y más recientemente se destaca  Donkey, el burro parlanchín que figura como personaje en la película Shrek.

Para Puerto Rico cobra especial significado el famoso Platero de Juan Ramón Jiménez, plasmado con grandes simbolismo en el libro Platero y Yo que le mereció al exiliado autor español el Premio Nobel de literatura de 1956. Don Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico aceptó el premio en su nombre.  Juan Ramón dedicó esta obra a la memoria de Aguedilla, una pobre  loca de San Juan que le enviaba moras y claveles. El premio Nobel lo describe así:

“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas…. Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal….
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel….
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña … pero fuerte y seco como de piedra. Cuando paso sobre él los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
–Tiene acero…
–Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.”

En Salinas, Puerto Rico durante los años de 1930 a 1950 fue popular y famoso un burro zaino llamado Martillo.  Era propiedad del gobierno municipal y utilizado para realizar trabajos públicos.  Su principal tarea consistía en arrastrar un pesado carretón con un tanque de madera cuya agua se utilizaba para regar las polvorientas calles del pueblo, entonces  sin pavimentar.  En el presupuesto municipal había una partida asignando fondos anuales para el sustento del laborioso asno.

Martillo era un burro fuerte, capaz de soportar el duro y fatigoso trabajo al que estaba asignado.   Estaba confinado a un pesebre detrás de la Casa Alcaldía desde el cual era conducido a realizar su trabajo diario.  Su alimentación consistía en heno y pan mojado suplido por la panadería del pueblo.  Debido a la carga de trabajo debió ser un animal de acero templado.

Se calcula que el equino murió en el 1939.  A pesar de su muerte, y de que su trabajo desapareció al pavimentarse las calles, en el presupuesto municipal continuaba figurando la partida para su sostenimiento muchos años después.  Los vaivenes políticos inevitablemente trajeron a la luz pública la existencia de tan extraña partida presupuestaria y surgió el escándalo de corrupción en la década de 1950.  La investigación trascendió a nivel nacional y se conoció como el Caso del Burro Martillo.  Pero como muchas veces ocurre, después de tal gansterismo político de los inescrupulosos participantes no se adjudicaron culpas.

Recuerdo  que por algunos años, después conocerse en todo Puerto Rico el escándalo de Burro Martillo, cuando uno decía que era de Salinas inmediatamente te replicaba: ¡Ah¡ eres un burro Martillo.

El pueblo con su natural ingenio también plasmó el histórico suceso en coplas y poesías, como la siguiente:

En la Playa de Salinas
Pescaron una ballena
Y del buche le sacaron
A Martillo comiendo avena
(de la tradición oral)

Con este escrito no pretendemos exaltar a Martillo ni que se le haga una estatua alusiva como la que existe para un equino en un pueblo aledaño, ni que se le que cambie el nombre a un potrero, calle  o dependencia municipal, sino simplemente traer a consideración de los más jóvenes un suceso de nuestra historia política.  En fin, no se trata de colocar su retrato en un lugar prominente de la Alcaldía como quiere Tito Picolino. Claro que en Macondo siempre pueden ocurrir cosas inesperadas.

©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

*El caso del burro Martillo.