Quise ser arena para que hicieras conmigo figuras de diosas y sirenas. Te imaginé ardiente brasa de fuego, solar tiñendo mi piel de trigueño melao.

Más, sólo dibujaste en la arena las huellas de tu partida.  Un baño de lluvia apagó las estrellas y el sol. Con glacial indiferencia me hiciste invisible, y yo la invencible, a sangre fría arranqué de mi tez el color cuando tu desamor me guardó a la sombra de la soledad.

¡Qué amargo sabor a esperanza inútil!  ¡Qué fastidio, otro día más!

Despertar sin un beso, sin un abrazo, sin la emoción de mirarte otra vez, aquí dormido en mis placeres. Esperando que tu mirada me descubra a la orilla de tu amor.

©Marinín Torregrosa Sánchez