Tal fue la fuerza de la explosión que deslumbraba.  Como si un lucero se hubiera desprendido del cielo y se precipitara a la Tierra.  Los jueyes del manglar  de Caño Hondo se dieron a la corrida y este objeto en forma de platillo abrió sus puertas dejando salir un hombre verde parecido al dólar.

Su misión era extraer sal para producir combustible en el planeta Centauro. Tomó un aparato alargado y lo enterró en el salitral para probar el nivel de salobridad y se dio cuenta que el espécimen estaba contaminado por cenizas carbonizadas. Curioso, el androide se echó a la boca un puñado de sal y cambió a un color magenta parecido a los habitantes del  lugar.

Pilotando la nave hacia la Hacienda Godreau encontró un pozo  abandonado de los que se utilizaban para la irrigación de los cañaverales y dijo:

—Ya que no puedo extraer sal, me llevare el agua de esta zona. Me disfrazaré de alcalde para que no se den cuenta que me robo el agua.

Como tenía facha de doctor le dieron acceso a todos los recursos del área. Uno a uno, fueron desapareciendo. Con la excusa de hacer viviendas para sus seguidores vació el acuífero. Su nave voló camino al Coquí y Aguirre, donde también se apoderó de la Central Aguirre. Muchos jóvenes lo miraban con descontento.

©Edwin Ferrer