Pasaba por allí cuando de repente vio un animal subido a una piedra. Se detuvo a observar.

Sus observaciones le llevaron a formular ciertos juicios:

Por cuanto no pertenece allí porque está fuera de su ambiente, alguien debió ayudarlo a subir;

Por cuanto nada compone en este lugar por su ineptitud, hay que bajarlo lo antes posible.

Se alejó, no sin antes echar un último vistazo al pobre inútil. Le pareció ver la cara de un idiota reconocido.

― ¡No puede ser, acabo de dejarlo en la fortaleza! –Gruñó.

©María del C. Guzmán