Sobre los nombres de lugares en Salinas
A través de los siglos, los nombres de los lugares, barrios y comunidades de Salinas han cambiado. Algunos de ellos se han perdido en el olvido y otros, muy pocas personas los mencionan. Entre nuestros nombres geográficos actuales hay algunos muy antiguos como Río Jueyes, Aguirre, Lapa y Playa y otros más recientes como Coquí, Coco, San Felipe, Montegrande, Las 80, Plena, Vázquez y Playita.
En uno de los barrios más antiguos, Río Jueyes, vivía un conglomerado de ciudadanos que conformaban unas 300 familias. Aunque las condiciones de vida eran difíciles y carecían de los portentosos adelantos que hoy tenemos, consideraban que su barrio era un pedacito del Edén.

El área del barrio Río Jueyes a la que hago referencia abarca cerca de 5000 cuerdas de terreno distribuidas en 62 fincas. Aquel grupo de salinenses vivía diseminado por las diferentes fincas y bautizaron los sectores con nombres como La Zanja, Barritos, Rincones, La Joya, y Cedros.
Estos sectores nunca llegaron a tener luz eléctrica. El agua la obtenían de los manantiales y las quebradas adyacentes o de algunos pozos hincados por los residentes. El transporte terrestre se realizaba a pie o en bestias a través de los escasos caminos, o por el lecho de la quebrada La Joya.
La felicidad entre ellos nacía de una profunda solidaridad. Todo el mundo se conocía y el comportamiento entre ellos lo regía la hermandad. Nunca pasaron hambre porque la agricultura era su sustento. En sus terrenos tenían sembrados los alimentos que consumían. Criaban animales y cultivaban maíz, tomates, yuca, plátanos, yautía, calabazas, en fin, todo lo que la tierra producía se compartía entre los vecinos.
La vida cotidiana transcurría en torno al trabajo agrícola. Las vicisitudes se enfrentaban con fortaleza en medio de las condiciones existentes en aquellos años. Para que tengamos ideas, en la primera mitad del siglo 20 no habían facilidades médicas de ninguna índole en los barrios. Los enfermos se transportaban montados en una hamaca que un grupo de personas se echaban al hombro. Ese enfermo llegaba al hospital del pueblo, gracias a los relevos que se hacían cargando la hamaca desde largas distancias y por caminos de tierra.
Si la persona moría también había relevo de hamaca. Un vecino carpintero construía la humilde caja. Durante el velorio, colocaban un cubo grande con hielo debajo de la misma para preservar el cadáver. Cuando partía el entierro, el muerto se cargaba en la hamaca hasta llegar a un lugar donde pudieran colocarlo en la caja y de ahí transportarlo hasta llegar al cementerio, luego de celebrar el rito eclesial.
Cuando había una parturienta se avisaba a Doña Leonilde, la comadrona de toda la comarca. Usualmente la criatura recién nacida no era inscrita de inmediato, pues había que esperar que alguien fuera al pueblo y le notificara el nacimiento a Bimbo Morera, quien era entonces el encargado del Registro Demográfico. Abundan las anécdotas sobre cambios de fecha y de nombres surgidas por la tardanza en inscribir a los hijos. Los errores de nombre y fechas los causaba no solo la tardanza, sino el que se viniera a inscribir a más de una criatura a la vez, la pobre educación del registrador y la usual jienda que cogía con sus amigos del pueblo, el padre.
En cuanto educación se refiere, en el sector de La Joya había una escuela elemental que cubría de primer a tercer grado. Según los entrevistados, la maestra era Miss Lleras, una persona muy conocida y querida en Salinas. En el sector Cedros, existía la Escuela Gautier Benítez, que ofrecía estudios hasta el cuarto grado. En esa escuela trabajaron como maestros Restituto Santiago, Rigoberto Santiago, Luis Santiago e Isidoro Mateo, este último mal recordado por los abusos físicos que cometía contra los estudiantes.
Los niños se divertían principalmente participando en los juegos de grupo, cazando pichones con honda, jugando bolita y hoyo o bailando trompo. Este último juego se supone que se jugaba únicamente en los días santos pero como no había más nada, ellos los seguían jugando todo el año. Luego, en su juventud formaban el baile al sonido de las vitrolas de manigueta que poseía algún vecino. Ya mayores, aunque ustedes no lo crean, la mayor diversión eran los velorios. Esa noche se jugaba dominó o baraja, abundaban las comidas y se bebía pitorro, que era una de las grandes industrias del barrio. Las noches de velorio eran ocasión para comenzar o afianzar los amoríos.
En cuanto a cómo se desarrollaba el día, todo el mundo trabajaba, ya fuera en las vaquerías o en las siembras de caña o de tabaco. Grandes y chicos siempre tenían tareas asignadas. Por ejemplo, a las hijas de Don Lope Torres, un próspero productor de tabaco de La Zanja, les correspondía sacar los gusanos de las hojas de tabaco y echarlos a una botella. Demás está decir el terror que ellas le tenían a esa tarea.
Eran personas muy religiosas y católicas pero tenían que venir al pueblo, pues nunca hubo una capilla en el barrio. Acudían a la Iglesia mayormente en la Semana Santa. Por otro lado, todos eran “Populares de Muñoz” y para ejercer su derecho al voto tenían que bajar al pueblo. Nuestros entrevistados cuentan de un mítin celebrado en los predios de la tienda de comestibles de Don Manolo Lago que terminó como “el rosario de la aurora”. Una turba republicana irrumpió en el lugar y a botellazos y piedras terminaron el mítin. Fue esa unas de las pocas ocasiones en que la policía intervino en la comunidad.
Pero la tranquilidad y la paz de la vida en el barrio se vio afectada cuando el gobierno de Estados Unidos determinó que para defender la democracia había que sacarlos a ellos de esas tierras, para ampliar el teatro de guerra que hoy conocemos como El Campamento Santiago.
El 29 de mayo de 1952, el gobierno de Puerto Rico entabló una demanda contra los dueños y residente de las 62 fincas. La demanda se amparaba en la Ley General de Expropiación Forzosa, aprobada el 12 de marzo de 1903 y enmendada por la Ley Núm.1 del 17 de agosto de 1951. El gobierno asignó la suma de seiscientos treinta y seis mil doscientos cincuenta y ocho dólares con seis centavos ( $636,258.06) como pago por la adquisición de los referidos terrenos, incluyendo edificaciones, mejoras, usos, servidumbres, pertenencias y plantaciones de cualquier naturaleza que en los mismos existieran, incluyendo todo o cualquier derecho, título, o interés sobre dichos terrenos. Hasta donde tenemos conocimiento, no hubo reacción en contra de la acción legal del gobierno.
Cuando se consumó la expropiación y se determinó la cantidad de dinero que le correspondía a cada uno de los dueños, se les ofreció ubicarlos en parcelas de media cuerda ubicadas en los terrenos del actual sector El Coco. Igualmente se les permitió que tumbaran sus residencias y los que pudieran llevárselas que así lo hicieran.
Hoy día aún están vivos muchos de los habitantes del barrio Río Jueyes que fueron expulsados de sus terrenos. Entre ellos se encuentran miembros de las familias Maneiro, Rosas, Torres Santell, Romero Ortiz, Lago, Bermúdez, y muchas otras más que escapan a nuestro conocimiento. La mayoría de ellos hablan de la injusticia que prevaleció durante las expropiación forzosa. Reconocen que la pobreza, el desconocimiento y la falta de apoyo le impidieron luchar y protestar contra quienes los despojaban de sus propiedades y destruían sus comunidades.
Quiero, para finalizar este artículo, reconocer a las personas que gentilmente recrearon para nosotros sus vivencias en el barrio Río Jueyes, especialmente, a Don Carlos Romero Ortiz, a quien todos conocemos cariñosamente como Carlos Lola, a Nolin Lago, a Santos Ortiz y su esposa Nesta, y a mi amantísima esposa Lydia Torres Santell, quien fue una de las victimas de los cambios de nombre al inscribirla en el registro demográfico (ahora se llama Dilia) y a Roberto Centeno, quien me sirvió de guía en mi visita al área para poder observar los terrenos de los que fueran La Joya, Barritos, La Zanja, Rincones y Cedros. Las fotos aéreas del 1937 que presentamos a nuestros lectores fueron obtenidas en la División de Fotogrametría del Departamento de Obras Públicas del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
La información sobre las cuerdas expropiadas y lo pagado por el gobierno están consignados en el protocolo de demanda entregado a cada uno de los afectados por esta acción, documento que conservo gracias a Doña Francisca Santell, quien al momento de escribir este artículo a los 107 años tenía claros recuerdos de su vida en La Zanja.
©Roberto Quiñones
Edición SRS
Para los años ’50, fui varias veces a pasar vacaciones a la finca del Sr. Caroberto Colon Rosich, dueño de practicamente todos los terrenos que se ven en la foto. La vaqueria era de su propiedad. Entre la Vaqueria y “La Zanja”, habian dos casas: la primera, mas al sur, era de dos plantas y en ella dormia Caroberto. La otra, cerca de La Zanja, vivia el rest de la familia. Detras de esa casa habia una rejoya boscosa donde habitaban numerosos monos Titi. Cuando ibamos hacia otra finca de su propiedad, lo haciamos por el camino hacia el oeste que llega a la carretera de Santa Isabel a Coamo. Sus otras fincas eran en Coamo y Villalba, a la que llamaban La Altura. (eso es otro capítulo de esta historia.
Hola, busco el autor de este articulo. Tengo una pregunta sobre un detalle específico en el párrafo relativo a la educación.
Roberto, los episodios se pasaron allá para 1935 en el antiguo cine LURI propiedad de don Domingo Paravisini, abuelo de Cholito Paravisini. El nombre del cine aludia al Pueblito de Luri, en Corcega de donde era originario.
Sergio, la mujer de Andrés Martinez era conocida como Doña Bole. Después de vivir por muchos años en la falda del Cerro de los Modesto, administrando la Vaquería de Pepe Velez, se mudaron a Las Marías y allí murieron. Tenían un hijo que se desarrollo como un abusador y guapetón.
En una acasión, cuando yo atendía el Llanten, me desafió y a no ser por la oportunísima intervención de Andrés Pomales no se sabe que hubiera pasado. El se quedó resentido y Andrés me entregó un “Black Jack” para que en caso de que volviera tuviera algo para defenderme ya que el individuo era capaz de cualquier cosa. De todos modos afile un machete y lo puse debajo del mostrador. Gloria a Dios Todopoderoso que nunca regresó.
Años despues lo mataron en New York, como era de esperarse, y me tocó la dificil tarea de hacer las expresiones de despedida de duelo. No recuerdo su sugestivo apodo que movia al terror. El compay Abraham Santiago lo conoció bien.
Gracias Lilia. Buen trabajo de investigacion. Ya mismo voy a ver la serie…
Excelente relato histórico, Roberto. Abundando sobre el nombre de la Ciudad Perdida, hice una pequeña investigación sobre la serie The Lost City, que así se llama en inglés y encontré que data del año 1935 y constaba de 12 capítulos.
Puede leer sobre ella aquí:
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Lost_City_%281935_serial%29
También puede verla o descargarla aquí:
http://www.archive.org/details/PhotosbyHaroldTheLostCity12ChaptersCombined
Este artículo está extraordinario. A mi personalmente me encantó, Sergio mucho te agradezco que cada semana me dejes saber qué sale en Encuentro al Sur en Facebook, pues te digo la verdad se me olvida y me gusta muchísimo.
Dante tiene razón en lo que nos trae referente al trato que hizo Don Ramón González con el gobierno de los Estados Unidos de ceder los terrenos por un dólar. Aunque no tengo muy claro los límites de los barrios Río Jueyes y Lapa, de acuerdo a mis amigos la primera expropiación fue en el 1940 y prácticamente los terrenos eran del barrio Lapa y aquí te aclaro Dante, el por qué quedaron muchos ciudadanos viviendo y desarrollando sus áreas. Estos eran los residentes del barrio Río Jueyes, los que luego caen en la segunda expropiación. No obstante a que no toqué esta parte en mi escrito, del sector Lapa, se expropiaron cerca de 1400 cuerdas agrupadas en 22 parcelas. Ahí fue donde desapareció el sector Ausubo, que quedaba bien cerca de la carretera numero 1 de frente a la parte norte de lo que hoy es El Coco.
El barrio Río Jueyes, siendo uno de los principales barrios de Salinas se extendía hasta cerca de la playa por el área oeste del pueblo. Parte de Salinas, lo que actualmente son las calles Monserrate, Degetau, Barbosa, y de momento se me escapan los nombres de las dos calles paralelas a la Degetau, ya para el 1934, se les conocía como Ciudad Perdida. De acuerdo a mi Certificado de Nacimiento, yo nací en la calle José Celso Barbosa, de la Ciudad Perdida de Salinas, en el 1939. Con el correr del tiempo, la curiosidad nos llevó a indagar sobre el por qué de ese nombre a nuestro sector y los más viejos indicaban que hubo una serie de 13 episodios en el cine, que no puedo precisar si fue en el Luri o San José, que trataba sobre una ciudad perdida en la jungla en donde unos científicos trataban de controlar el mundo, utilizando un mineral extraño. En estos episodios los protagonistas eran Bill Boyd y Gabby Hayes quienes luego se hicieron famosos en las películas de vaqueros. Esta serie de nuevo fue repetida en el 1945 con otros artistas, y para esta época ya mi hermano Coco tenia permiso de entrar al cine y compartía conmigo los episodios. Esta es la versión que siempre circulaba del porqué esa área le llamaron La Ciudad Perdida. Se las he vendido al costo….
Sergio, siempre he conocido ese cerro como Cerro Modesto. En la falda oeste, mirando al pueblo, vivía Andrés Martínez y allí estaba el lago que se conocía por el lago de Andrés. Andrés y su esposa, de quien se me escapa el nombre, eran amigos de mami.
De adolescente subí muchas veces a ese monte con Ariel. A lo largo de toda su cima había un camino angosto y llano. En muchas de sus partes habían una especie de cactus pequeños conocidas como meloncillos. Se decía que los meloncillos saltaban cuando el sol estaba bien fuerte. También había cactus gigantes y las tunas comunes.
Comencemos el rescate de nuestra toponimia. Anímese y envíe sus textos cortos o largos explicando específicamente su parecer sobre el nombre de un lugar específico de la comarca del Abeyno.
Alguien me puede refrescar la memoria y recordarme ¿cuál es el nombre del Cerro más pequeño ubicado al este del Cerro Caroberto? Tengo dudas si es Cerro Modesto.
Gracias Don Roberto por compartir este histórico y excelente relato. Aprendí muchas cosas que yo no sabía.
Me apunto para la expedición a los terrenos de La Joya, La Zanja etc.
Pienso que debemos iniciar una serie de artículos sobre la toponimia de nuestra comarca como sugiere Dante.
La toponimia investiga el origen de los nombres de los lugares. Aunque principalmente tiene una intención etimológica, ha servido para explicar la relación del nombre con la geografía y la historia del lugar, especialmente cuando el nombre no puede relacionarse con las características presentes del sitio.
Es fácil reconocer el topónimo de nuestro municipio: nace de los depósitos naturales de sal que encontraron los europeos cuando llegaron a la zona. Tanto el nombre Las Mareas como el de El salitral están emparentados con las características salinas de todo ese litoral. Baste recordar que el primer nombre que los europeos le dieron a esos depósitos de sal fue el de Las Salinas de Abey.
Pero no siempre es fácil determinar exactamente el origen del nombre de un lugar. En ese caso siempre surgen diversas versiones o teorías. Ese es el caso, por ejemplo, del sector Las Marías, localizados a la salida para Cayey. Existen dos teorías sobre el origen de su nombre. La primera dice que se origina de unos frondosos árboles de María que existían en el lugar. La otra versión cuenta que se originó del hecho de que en ese lugar vivía una familia que tenia tres hijas hermosas que se llamaban de primer nombre María. Se dice entonces que la gente comenzó a identificar el lugar como el sitio donde viven Las Marías.
Cualquiera de las dos versiones es creíble y motivo para un cuento o un poema, cosa no extraña, porque se dice que la toponimia la iniciaron los juglares en todas las culturas.
Roberto: Me gustaría visitar los lugares del Sector Río Jueyes que ya viste. Avísame para hacer el recorrido. Saludos.
Roberto: Es absolutamente relevante aclarar los elementos históricos sobre el momento, las razones y lo que en general ocurrió con ese terreno del Barrio Río Jueyes entre los años de 1940-1953. Siempre he entendido que fue el gobierno de Estados Unidos quien expropió los terrenos del Barrio Río Jueyes y parte del Barrio Lapa para atender las necesidades militares del ejército durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea.
Corre en la tradición oral el caso del ciudadano de origen español, Don Manuel González Martínez, dueño de la Finca Barros y/o Barritos, colindante con lo que hoy es Monte Grande y Parcelas Vázquez. Se cuenta que en interés de congraciarse con el gobierno de Estados Unidos intentó regalársela, pero éstos declinaron esa oferta y en cambio, se llegó a un acuerdo de traspaso por $1.00 bajo el entendido, que está aún vigente de que si en algún momento los terrenos dejaran de ser de uso militar, deben de ser revertidos a la Sucesión de Don Manuel. Esto me lo contó su hijo que conociste, Guillermo González Hernández. Con esa expropiación, los terrenos pasaron a conocerse como el Salinas Training Area.
Desconozco por qué razón se dejaron viviendo en el lugar a varias familias y trabajando la tierra y la ganadería. Recuerdo a un compañero de clases que se llamaba Carlos Colón, hijo o hijastro de Caroberto, un siniestro personaje de Ponce que explotaba una finca en el lugar. Yo fui en varias ocasiones a visitar a Carlos por los alrededores de su casa. Tenía un miedo atroz a los feroces perros de Caroberto. Me contaban que para castigar a Carlos lo metía dentro de un saco y lo guindaba en un hoyo. En los años sesenta lo vi por última vez y trabajaba entonces en el Consulado de Canadá en San Juan. Caroberto creo que fue posteriormente acusado en unos casos de índole moral. De todos modos, hay que aclarar el asunto para ver si el caso del gobierno de Puerto Rico fue uno de mero encargo, que es lo que creo, aparte de que debe tratarse quizás de las estructuras. Hay que ver. Por lo demás me interesa el asunto de la toponimia.
Mi hijo Dante, mientras estudiaba en la Universidad de Puerto Rico, hizo un estudio muy exhaustivo de la toponimia de Salinas y coincido contigo que hay barrios, sectores y lugares que ya han desaparecido. Lamentablemente ese estudio se perdió. Fue un esfuerzo grandísimo el de recopilar toda la información. Recuerdo la contribución del líder político del P.P.D. Silverio Acosta, quien con su prodigiosa memoria recordó lugares y documentaba el origen de cada nombre.
Relevantemente sobre el sector de Río Jueyes que mencionas, hay un barrio que desapareció que le decían “Los Ausubos”. Estamos a tiempo para rescatar la toponimia de Salinas. A manera de ejemplo lanzo los siguientes nombres para que me digan dónde están o estuvieron y que dio lugar al nombre.
Éstos son: Ciudad Perdida, La Olla del Cenizo, Corea, Caño Verde, Villa Estaca, Palma Sola, Sierra Brava, Talas Viejas, El Campito, González, el Conuco, el Sonuco, el Pueblito, La Barriada Nueva, La Barriada Vieja, El Corral de Ortiz, Quebrada Abajo, Veguetas, Hacienda Vieja, Caribe, Godreau, La Jagua, etc.
Saludos.
Excelente relato hitórico. Gracias Roberto por ayudarnos a conocer a Salinas. Así lo queremos más.
El relato histórico coincide con mi apreciación de muchos años que he expresado un muchos sitios y a muchas personas: Creo que uno de los mayores desastres ecológicos de Puerto Rico lo provocó el ejército de los Estados Unidos en Salinas. Recuerdo de niño que la vegetación existente en esa área era exhuberante. Así también la fauna. !Hasta la araña pelúa ha desaparecido!
Este relato debe dar pie para el rescate de esas tierras para Salinas.