— ¿De qué se ríen esas podridas botas sudadas de concreto bajo mi cama mientras la gente reza un padre nuestro? ¿Acaso no te das cuenta que no hubo chiripas en el cementerio? Míreme a los ojos mujer.   Me dio un  ataque cerebral; ve a la alcaldía y pide ayuda. ¡Trabajé  toda mi vida construyendo tumbas! ¿No te das cuenta que necesito  material  para hacer la mía? Siempre dije que tarde o temprano las tenía que pagar…  Reencarnaré en un león para luchar por mis derechos aunque sea desde el más allá.

Siete días después de su muerte, Pedro reencarnó en un juey. En unas de esas corridas de luna llena se dirigió a la alcaldía. Con sus ojos omnividentes notó que el pueblo enfilaba lentamente sus pasos hacia el ayuntamiento a pedir ayuda sin ningún resultado. Entonces el crustáceo levantó las palancas en protesta y corriendo de lado a lado se abalanzó como un quijote a confrontar al alcalde.  Una  fila larga encabezada por Cacho, Fitito, Pantera, Calambre, Compay Bellaco, Bulanche, Don Junior, Gertrudis, La Llorona, Dengue, Petra B, Chago y Guapo impedía su entrada. Tirando mordidas llegó a la oficina pero  la asamblea municipal  le arrancó las bocas y la guardia las patas. Finalmente, el alcalde pidió el carapacho para comérselo con guineítos; desde ese día los jueyes no hacen corridas.

©Edwin Ferrer