Serie toponimia
Cuando el Barrio Río Jueyes, uno de los tres barrios originales de nuestro pueblo, bordeaba la parte oeste del barrio Pueblo, allí había enclavado un sector llamado La Barriada Vieja. Aunque no estamos totalmente seguros de que así fuera, nuestros más ancianos nos informan que esa barriada surgió por un reparto de terrenos hecho por el Alcalde Manuel Iglesias, bajo el gobierno municipal de la coalición socialista republicana del 1930.
Para el 1945, la Junta de Planificación de Puerto Rico expandió los límites del barrio Pueblo, causando con esto que la frontera del barrio Río Jueyes con la de la zona urbana fuera movida mucho más al oeste. Con este movimiento, la Barriada Vieja vino a ser parte de los límites urbanos.
Para que nuestros lectores tengan una idea exacta de dónde se encuentra este sector dentro de la zona urbana, debemos indicar que la calle José Celso Barbosa, que nace en la Plaza Las Delicias y se extiende hacia el oeste hasta la calle Federico Degetau, vendría a ser su límite por el sur. Por el norte, la colindancia es la calle Monserrate, la cual nace en el Parque Manuel González, y también termina en la calle Degetau. Por el este, la calle Victoria viene a ser la primera de la Barriada y el sector se extiende hacia el oeste cruzando las calles Manuel Dávila y Eduardo Conde, hasta llegar a la calle Degetau, que colinda con el Malecón; estructura construida en cemento armado para proteger al pueblo de las inundaciones causadas por el desbordamiento del Río Nigua. Para entender mejor, La Barriada Vieja viene a ser un rectángulo que comienza en la calle Victoria, extendiéndose hacia el oeste hasta llegar al Malecón. A ese predio de terreno luego lo llamaron La Ciudad Perdida de Salinas. Seguidamente veremos la causa del cambio de nombre.
Existen dos teorías sobre el cambio del nombre a Ciudad Perdida, lo que ocurrió cerca del año 1935. Para esa época existía el Teatro Luri, donde se proyectaban las legendarias películas divididas en episodios, las cuales se presentaban la noche de los sábados. En ese año, estaban en cartelera los episodios de una famosa serie llamada “The Lost City”, posiblemente la primera serie traída al teatro. Tal fue el furor y la expectación que causó durante semanas la serie, que los residentes, (por alguna extraña analogía) comenzaron a llamar desde entonces a la barriada como la Ciudad Perdida.
La otra teoría, apoyada como la más creíble por muchos de los residentes del sector, tiene que ver con la forma en que fue diseñada la barriada, dado que sus calles eran calles sin salida. La calle Victoria al norte, termina unida a la Monserrate sin poder cruzar la misma. Hacia el sur, se encontraba cerrada sin posibilidad de paso, porque ahí existían los terrenos del famoso sitio de bailes El Patio, de Doña Cruz Álvarez, cuya entrada principal era por la calle Unión o calle de Ponce, como la llaman aún algunos residentes. La calle Manuel Dávila también moría en la Monserrate, y por el sur tampoco tenía salida hacia la Unión. Ahí colindaba con el solar donde estaba ubicado el prostíbulo conocido como El Gallo. La siguiente calle, la Eduardo Conde, también es una calle sin salida, que colinda con la parte trasera del antiguo Hospital Municipal de Salinas. La última calle de La Ciudad Perdida, la Federico Degetau, llegaba desde la Monserrate hasta el frente del Hospitalillo, edificio que albergaba a las personas con trastornos mentales. En ese momento también era una calle sin salida, hasta que algunos años después la conectaron con la calle Unión. Pero además las dos calles que corren de este a oeste, son calles que van a morir al Río Abey.
En otras palabras, este sector sólo tenía dos formas de entrar y salir: ya fuera por la calle José Celso Barbosa o por la Calle Monserrate, a la cual también llamaban Calle Resignación, por ser la que conducía al cementerio. Al final de esa calle, ocurrió un desgraciado incidente en los años de 1920, cuando durante una huelga cañera, cayeron muertos los trabajadores agrícolas, Pedro Márquez y Francisco Santiago.
Estos trabajadores, ejerciendo su derecho a protestar, fueron asesinados por la policía. Con motivo de ese incidente ocurrido al final de la calle Monserrate, cerca de los negocios Los Latones y Petra′s Place, fueron encarcelados 25 obreros injustamente. A pesar de que el pueblo se tiró a la calle, indignado por los atropellos y asesinatos, los mismos quedaron impunes. A la fuerza de choque de aquella época le llamaban “la jaula de los leones”.Pero ya que sabemos de su ubicación y el origen de su nombre, veamos cómo se desarrollaba la vida cotidiana en ese sector.
Al igual que en todo el municipio de Salinas, la inmensa mayoría de los habitantes de la Ciudad Perdida eran de extracción humilde y sus vidas dependían del trabajo en la agricultura, especialmente del trabajo en los cultivos de caña de azúcar. El gran patrono de esa época era la Central Aguirre.
Personalmente puedo dar fe de cómo era la vida cotidiana en el sector, porque nací y me críe en él. Tengo vagos recuerdos de la primera pavimentación de las calles con asfalto, y de la construcción del malecón que nos protege del Río Abey o Nigua, como ahora lo conocemos.
En cuanto a las personas que eran oriundas de la Ciudad Perdida, recuerdo a Don Gero, un comerciante que vivía en la calle Degetau. En la calle Barbosa residía Don Pedro Collazo, padre de Aníbal Collazo, nuestro gran exponente de pintura al óleo. Don Pedro administraba la tienda Valdejully & Segarra. Este comerciante era natural de Coamo, pero todos sus hijos nacieron aquí y aún familiares residen la casa paterna. Don Vidal Díaz, padre del amigo Dr. Felipe Díaz, nos suplía de todos los comestibles en su tienda. Recordamos también a Don Alejo Cruet, quien era natural de Guayama pero casado con Doña Carmen Carattini, quienes también tenían una tienda de comestibles en la calle Barbosa. También a Don Peyo, abuelo de Angie Moreno, con su kiosco de verduras en la Degetau. En la calle Monserrate vivían Franza, la beautician, los Casalduc, los Tibidabos, y dos grandes: Sanito y el Marshall Manolo Otero. También oriundas de nuestra barriada, recuerdo a las hermanas González, a Doña Zenaida y a Toña Valdez, quien tenía un negocio de venta de pollos.
Recuerdo con mucho cariño a Doña Juana Jaiman y su hijo Efraín, quien desapareció un día sin dejar rastros, cuando llevaba varios años de jubilado de la policía; a Doña Concha, la del chivo apestoso; a Cloto y familia, que me permitían raspar el pegao de la olla; y a la familia Alomar, en cuya casa nacieron Wilfredo y Marcialito Belpre.
No puedo dejar de mencionar a: Don Celedonio Santiago, empleado de la Valdejulli & Segarra y a su esposa Doña Consuelo; a Don Eusebio Rosa, el primer músico que vi tocar más de un instrumento a la vez: tocaba la sinfonía de boca amarrada al brazo de la guitarra y con el pie tenía la percusión; a Susana Morelli, madre de una de las mujeres más bonita que había en mi época, Zaida Ivette. No olvido a Doña Zoila, madre de Tilo, el que tocaba acordeón, y que cuando Ángel Viloria, artista dominicano, murió, Tilo lo sustituyó en el conjunto merenguero; a Daniel, a quien todos conocíamos como Daniel el Cojo; a Germán Vega, la mejor segunda voz de la época, que fue miembro de los Hispanos, Los Borincanos, Los Four Amigos, del Trío de Aidita Viles y los del Río. Frente a Daniel vivía Don Carlos López, padre de Carlitos uno de los mejores músicos que conocí y que desgraciadamente murió joven. No podemos olvidar al loco Silito, a quien la mirada de Haydée Santiago le causaba problemas, por los rayos que sus ojos emitían al mirarlo; a Pantera, el de las risotadas más espectaculares del pueblo; y a muchos más que mis recuerdos atesoran, pero que sería imposible mencionarlos a todos en este breve escrito.
Refiriéndome a otros aspectos de la Ciudad Perdida, debo indicar que en la barriada existían dos lecherías: la de Doña Estefanía, en la calle Eduardo Conde, y la de Doña Georgina, en la calle Degetau. Estas dos lecherías suplían prácticamente la totalidad del consumo de leche en el pueblo. Teníamos también El Hospitalillo, lugar inhóspito, dedicado al cuido de personas con enfermedades mentales graves. Recuerdo también una pluma pública que existía en el mismo cruce de las calles Barbosa y Degetau. Esta pluma estaba situada en un solar ubicado entre las casas de Doña María Valentín, donde una vez residió la familia Rodríguez Sosa, y la de Don Leopoldo Romero. No recuerdo si el malecón estaba construido, pero dicha pluma le daba servicio de agua potable a todos los residentes, incluyendo a los de la barriada Borinquen, que está al otro lado del río.
En la barriada no existían ni escuelas ni iglesias por lo cercano que estábamos del casco del pueblo. El acceso al hospital lo teníamos por la parte trasera del mismo, por un portón que existía y que los residentes de la barriada Borinquen tumbaron, para llegar con mayor rapidez a buscar servicios médicos; mayormente el de cogerle puntos de sutura a heridas provocadas durante las muchas escaramuzas violentas que sucedían en Borinquen.
La diversión en la Ciudad Perdida era la misma del resto de la zona urbana. Gracias a lo cercana que estaba la plaza de recreo, se participaba de todo lo que pudiera ocurrir en el pueblo. Existían dos locales de bullicio al final de la calle Monserrate que se llamaban Río Petra y Los Latones.; ambos de actividad nocturna. Por iniciativa de algunos jóvenes de la Barriada, se organizó en los años de 1950, un club que lo llamamos El Club Fibadi. Las sílabas del nombre nos dan una muestra del propósito principal que se perseguía en el mismo: fiesta, baile y diversión.
Hoy en día, nuestro sector se sigue llamando Ciudad Perdida, aunque algunos aún le llaman Barriada Vieja. Ya no existen las lecherías ni los negocios de actividad nocturna y menos la pluma pública. El Hospitalillo hoy es una escuela de párvulos, y la calle Federico de Degetau fue unida a la calle Unión o Ponce, (como la mayoría la conoce) con lo que tenemos ahora una facilidad de escape hacia el sur.
La Ciudad Perdida es una de las áreas más tranquilas y bonitas del casco antiguo del pueblo, y aunque se han perdido algunas edificaciones, –ya fuera por deterioro y abandono o porque fueron sustituidas por estructuras más modernas– aún conserva el señorío de las antiguas barriadas obreras. Ciertamente, la Ciudad Perdida sigue siendo el sitio ideal para que de los antiguos pobladores que se fueron, regresen a disfrutar de los actuales momentos existenciales, tejiendo añoranzas e historias de nuestro amado pueblo.
Roberto Quiñones Rivera
Video de Encuentro Al Sur por Lilia E. Méndez Vázquez
Editor SRS
Yo me crie por la calle martinez Davila num 25 ya que mi abuela Ana melendez vivio en esa casa.me acuerdo de la tienda de Fausto que estaba en la calle La Monserrate la tienda de Rene y la Zapateria de Juan Lopez y mas arriba La esquina de Domitila y el colmado braña.
La Ciudad pérdida, donde tuve el privilegio de vivir en mis años de infancia!
Hace poco buscando tumbas antiguas en el cementerio municipal un vecino me indico que las tumbas que yo buscaba muy probablemente se encontraban ahora en terrenos de lo que hoy es La Ciudad Perdida.
En el libro que escribi, Vivencias con huellas, hace tres años, inclui un capitulo sobre la Ciudad Perdida, mas bien concentrado en la calle Degetau. La casa, ubicada al lado de la de los padres del Dr. Felo Diaz, mi padre se la compró a Doña Aurea Sosa quien tenía una hija llamada Georgina y le decian Giol. Recuerdo también a Don Luis y Doña Blanca que tenían una tiendita enfrente de Miguel Cruz. Vendia una sabrosa mortadella. Recuerdo a Gloria y Casimiro y sus hijas , Glorita, Bety y no recuerdo el nombre del hijo varón. Tambien recuerdo a Doña Manuela que crió a los hermanos Mendez. Uno es medico en Salinas, otro farmacéutico y Maximina que creo se hizo maestra. Ella los crió solita y era su tía. Tremendo ser humano era doña Manuela.
Gracias Roberto por todo ese viaje que nos hiciste vivir durante en ese largo recorrrido de lugares y personas que nunca olvidaremos. Buen trabajo y buena memoria. Adelante.
Ciertamente William rindes un merecido homenaje a Doña Dora Merced que fue una dama capaz de comprender con sus dolores los dolores del mundo. Tu familia es también una institución de la calle Degetau de la Ciudad Perdida. Una historia larga de convivencia vecinal muy distinta a la vida en la grandes urbanizaciones, donde se vive pero no se convive. Me atrevo a asegurar que podrías mencionar una a una las familias de la barriada, desde las Coll, Los Carreras, Los Cruz, los Rosa, etc. etc. Ahora muchas urbanizaciónes son almecenes de gente que poco o nada se conocen entre si. Quizas por eso la convivencia entre las nuevas generaciones es virtual.
Muy bonitos recuerdos para los que nacimos y nos criamos en en ese sector. Además de lo antes mencionados recordamos el taller de herrería de Don Emilio Agosto en la esquina de la calle Degetau y a Unión. Tambiém vivian en esa calle Don Isaac Merced, Doña Fermina Lorenzi que eran los padres de la enfermera más Humanitaria que conocí ..Doña DORA MERCED………
Yo tengo familia en la Barriada Carmen, de los Román de la Carmen.
Me gusta todas esas historias, las sigo paso a paso. Los felicito a todos por el excelente trabajo de nuestro pueblo de Salinas. Gracias
Es lo último. Muchas gente no sabian esto ”100 puntos Sergio Rodriguez te la comite sin sal”’ y sin hueso”’Felicitaciones”
Muy buen hallazgo, me gustaría recorrer cada rincón salinense
Recuerdos lindos me llenaron de tristeza y memorias.. gracias …
Muchos recuerdos se agolpan en mi mente al leer este recuento histórico. Como bien dice Roberto, mi familia vivió un tiempo en la Ciudad Perdida, específicamente en la calle Degetau. Allí conocí a la mayoría de las personas que menciona Roberto en el artículo.
Para el tiempo que residí en ese sector de Salinas, en el edifició de dos plantas que se ve desde la plaza Delicias Pepe Melero tenía un colmado en la planta baja y en la alta vivía su familia, Doña María Ortiz su esposa, Quike, Junior, Monín y Pipo. Dante, Lola, Koko, Sergio y yo vivíamos en la casa de doña María Lorenzi, justo al lado sur de la tienda de Pepe Melero. En la casa que le seguía hacia el sur vivía Iris, una de las güares hija del Maestro Hilario y en la parte de atrás de esa casa su hermano Pau. El Maestro Hilario también vivía en la Ciudad Perdida. Carlos, apodado “el lindo” y su familia también residieron en la Ciudad Perdida. Otros que residían allí: La familia de Alberto Vera, Isaac, Flor y esposa, padres de Félix Soto, los Mattei (Lulo y familia), Marcelo el carpintero, etc., etc.
Gracias Roberto.
Precioso trabajo. Dios bendiga a los que lo realizaron. ¡Me encantó!
Necesito expresales el más grande de los agradecimientos a los que manejan esta página por darse a la tarea de compartir semejante información de nuestro pueblo. Tengo que mencionar que me cautivó la manera en la cual menciona los nombres de varios de sus vecinos, lo cual habla de nuestra identidad como pueblo y nuestra cultura más allá del grado académico obtenido. En el presente sirvo en las Fuezas Armadas, en los últimos 7 años he tenido varios vecinos de los cuales nunca supe el nombre. A lo que me refiero es que necesitamos pasar esta información a nuestros niños para que se mantengan ligados a nuestra cultura y se sientan parte de nuestra historia. Felicitaciones de mi parte y espero que continuen proporcionando información para continuar alimentando el conocimiento de salinenses como yo y mi familia que, aunque estamos lejos deseamos mantener nuestra cultura viva! Saludos desde Okinawa, Japon!!! Fam.Rodríguez
Bellos recuerdos, porque recordar es vivir. Aún recuerdo cuando mi padre, Carlos López, nos trajo de Aguirre a la Cuidad Perdida. Don Daniel, doña Mercedes, Lilliam, Orlando y Germán fueron nuestros primeros amigos. Recuerdo cuando me sentaba en el barcón a cantar, tratando de que Germán dijera que yo cantaba… misión imposible. Recuerdo el “Lost City Club”, con mi hermana Mirtelina como parte del mismo… tremenda pelea porque no quiso que yo también participara. Claro, yo era menor de edad. Recuerdo los veranos cuando ibamos en grupo a la playa del Coco. Que bella “vencidad”…
Esto es un tesoro, gracias a las personas que lo hicieron.
Mi mente retrocedió y me dio una alegría tan inmensa, el recordar mi calle, la Degetau, Gracias porque la casa me la retrataron. Y gracias a los amigos con los que compartí en la infancia. Amigos como Miriam Guasps, hija de Celé y Consuelo. Yolanda nieta de Ernestina y Don Celso. Recuerdo su cabrita. También a Gloria Lorenzi, hija-nieta de doña María, la que planchaba. Recuerdo a Bety, Glorita, hija de Casimiro y Gloria. Wanda que en paz descanse y Mickey, eran colorao los dos. Michel, hijo de Julita Coll, tambien recuerdo a sus hermana y a su papa. A Piti, Victorita, y la hija menor. Edita, hija de Casaldu el policia, hija de Edda. A mis vecinos doña Gina y su familia, pues ellos eran locos conmigo. Recuerdo a Doris Lange, mi amiga de infancia y compañera de escuela. Son muchos más, los felicito, gracias, cariños, Aleyda Carreras Bacetty
Roberto, realizaste un recuento histórico exelente, de nuestra Ciudad Perdida. Gracias por hacerme rememorar tantos datos y conocer otros detalles, nuevos para mi. Te exhorto continuar tu trabajo investigativo, ya que hace una gran aportación histórica a nuestro pueblo y a las futuras generaciones.
Definitivamente si no hubiesen personas como ustedes, nuestra identidad como pueblo ya se hubiese borrado. Muchas de estas casas que debieron ser de un valor histórico invaluable las están demoliendo nuestro tan querido Municipio de Salinas por ser estorbos públicos, en vez de luchar para haber convertido a Salinas en una zona histórica. Me siento sumamente agradecida y dichosa de que aún podré enseñarle a los jovenes que crecen lo que fue y ya no está, pero permanece gracias a personas como usted.
Muy bonitos recuerdos. En la Ciudad Perdida también Vivian mis grandes amigo William Martínez y su hermano Pity, Carlos Carreras, Evelyn Coll y muchos compañeros de escuela. También mencionan a Peyo Moreno, el abuelo de Angie Moreno. Me llenó de nostalgia porque don Peyo era hermano de mi abuela Cenora Moreno, esposa de don Inés Suárez, quienes fueron mis abuelos, que me criaron en la Barriada Carmen. Gracias por tan bonitos recuerdos. Dios les colme de bendiciones. Desde Chicago les saluda……… Raúl Díaz Suárez, “el indio”.
“Tremendo, me llena de nostalgia, algún día volveré y me quedaré en mi bello pueblo natal!!!”
Gracias por los gratos recuerdos. Allí me crié hasta los doce añitos y me acuerdo de toda esa gente y de cada rinconcito con mucho amor.
Charito en la Ciudad Perdida, como tal, la zapatería que había era la de Juan López, que luego heredó su hijo Juan, ahora, mas arriba, hacia la plaza, en la calle Barbosa, estaba la zapatería de don Noe Ten (vecina a la casa de los Ramos). Anteriormente tenía el local al lado del correo en la Monserrate. De los zapateros hablaremos más tarde.
Ay, Dios MIO que bello es recordar el pasado con historias de nuestros pueblos…. ¿Se acuerdan de la escuela de música, donde practicaban los músicos de la Banda Municipal de Salinas? Me acuerdo tambien del amigo zapatero…como era que se llamaba? Ayudenme…
Y cuando ibamos al malecón a ver el rio subir durante las inundaciones en nuestro pueblo…. jajaja, me gozo todo esto.