Ocupar un nicho en el Pabellón de los Inmortales del mejor beisbol de mundo es el sueño de todo pelotero. Sueño que solamente un puñado de ellos alcanza a realizar porque la grandeza no es patrimonio universal ni se logra con tan solo desearla. Hay que trabajar duro, aferrarse a una disciplina espartana…. Hay que hacer grandes e inclasificables sacrificios a los que no todos estamos dispuestos a someternos, porque una cosa es llamar al diablo y otra totalmente distinta es verlo venir.
Para escalar esa cima en la que hoy se encuentra nuestro Roberto Alomar hay que hilar más fino que el hilo ochenta. Hay que sacrificar muchas cosas, echar a un lado muchos placeres y sobrevivir a las injusticias de un mundo perverso que da poco y quita mucho. Hay que cruzar inmensos océanos de ingratitudes, incomprensiones, intolerancias y despechos. Hay que pasearse, como dijera don Pedro, tranquila y serenamente por las sombras de la muerte porque solo así es posible alcanzar la inmortalidad.
Roberto Alomar hizo rigurosamente eso y hoy, después de una larga, tediosa y turbulenta espera, emerge del torbellino, como el Ave Fénix, a reclamar su espacio en el Salón de la Fama del Beisbol Profesional.
Enhorabuena, ilustre hijo de mi pueblo. Disfrute este momento eterno que usted se lo ganó en buena lid.
Josué Santiago de la Cruz.
Me uno a la idea de Dante y Sergio de erigir un monumento a Robertito en el pueblo que lo vio nacer. Se me ocurre que en la entrada de la Urbanizacion Monserrate hay un predio, pequeño, de terreno que seria el sitio ideal para levantar el mismo. Actualmente ese terreno no tiene un uso adecuado y tengo entendido que sus dueños son unos reconocidos deportistas de nuestro pueblo. Iniciemos el movimiento…
Creo que todo el pueblo de Salinas debe unirse a la idea que lanza el Lcdo. Dante Rodríguez de erigir un monumento a Roberto Alomar. La idiosincrasia del pueblo se nutre de los hitos históricos que va acumulando a lo largo del devenir. Sirven a su vez de pistas para estimular el conocimiento del pasado y ejemplarizan lo que se debe imitar y superar en el futuro. Rebuscando en la historia para rescatar que son nuestras raíces ciertamente nos advierte la necesidad de marcar hechos especiales haciéndolos visibles en el escenario cotidiano. Esa presencia funciona como recordatorios y símbolos de nuestro propio ser colectivo. Otra dimensión donde el pasado y el presente se conjugan posibilitando la reciedumbre para trazar el porvenir.
Más allá de la dotación física, la astucia intelectual y la reciedumbre emocional con que debe contar un astro del beisbol y que ciertamente son elementos que hasta la saciedad poseyó en su momento cumbre Robertito, hay que observar las huellas dejadas en los ásperos senderos de la vida. Esas experiencias que no siempre son color de rosa y a veces son de unos pies ensangrentados. Ellas son las que conducen a la cuna. Por eso hay que valorarlas en su justa perspectiva para apreciar con justicia la grandeza de un ser humano que a fin de cuentas es un mortal con todas las virtudes y defectos inmanentes.
Ahora le deseo a Robertito que pueda disfrutar el resto de sus días, acorde con el triunfo alcanzado, en plena felicidad. Conociendo que más allá de la muerte su gesta será recordada y como modelo servirá para recrear las mentes de las nobles y valientes juventudes puertorriqueñas del futuro. No deberá haber olvido. Gloria a ROBERTITO, Salinense de Pura Cepa. El Monumento a ROBERTO ALOMAR HECHURA DE TODO EL PUEBLO DE SALINAS VA.
Gracias Eugenio. Josué dibuja el perfil esencial de la existencia humana: la lucha contra buenas y malas intenciones, sentimientos y hechos. Toda presente en la historia de vida de Roberto, como en la de todos nosotros. Sus hechos como atleta de un deporte de alcance mundial le ganaron el reconocimiento que lo coloca como uno de los mejores entre los mejores. Su rigor atlético ciertamente produjo el resultado del que hoy nos sentimos orgullosos y celebramos.
Con la bandera de Salinas:
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