Se levanta uno contento
Y como el Cóndor que pasa,
sale uno de su casa,
a ganarse el alimento.
En el camino canta el ruiseñor bonito.
No hay luces rojas y te sientes livianito.
Dices que nada es urgente,
que para el agobio existe repelente.
Subes el elevador,
aspiras perfume de mujer.
Y lleno de un falso poder,
el mundo niegas a tu alrededor.
Se abren las puertas de la realidad.
Son lentas las horas y no falta quien te joda.
Y no miento mi hermano,
Que el día termina, en un Lamento Borincano.
©Roberto López
Muy bueno Roberto, la rutina de todos los días, de los que trabajamos en serio y en serie. Un abrazo. Te salió redondito!!!!!!!
Cariños desde Argentina.
Probablemente eso no le ocurre a los NiNi, ni una cosa ni la otra. Terrible. Apesar de esa realidad ustedes tiene el don de recogerlas y convertirlas en palabras.
Muy bueno y jocoso pero tambien tiene un sentido de que no importa que hayamos adelantado tecnológicamente, nos sigue el mismo lamento. Muy bueno Tito.
Real y jocoso. Describes la rutina del trabajador de la clase media. Senti que me retrataste en este relato, muy bueno.