“A los Salinenses de tronco puro”

Eres salinense si conoce la leyenda fantástica del juey gigantesco que con sus palancas descarriló la locomotora núm. 8  de la Central Aguirre con sus cincuenta vagones repletos de la sabrosa caña 10-12.

Quedó tan maltrecho el fabuloso crustáceo, que los vecinos de la Barriada Nueva lo sacrificaron hirviéndolo en la cambija que guardaba el agua para los trenes de vapor que durante la zafra paraban en el lugar.

Una vez cocido hicieron una gran fiesta donde saborearon platos exquisitos elaborados con su carne.  Y con el carapacho del legendario animal crearon una piscina donde por varios meses chicos y grande pasaban las calurosas tardes del verano salinense.

Félix M. Ortiz Vizcarrondo