Al final del lado norte del malecón de Salinas existía una pequeña estructura de madera que por años fue utilizada como tienda. Se desconoce cuando fue establecida esta tiendita pero nuestros informantes lo sitúan allí desde los años 1950. De acuerdo a Angie Moreno, hijo de Don Miguel Angel Moreno, al que todos llamaban Angelito, su recuerdo lo lleva a creer que el primer ocupante del negocio fue alguien conocido como Totó, quien le alquiló la estructura a Juan Ayes, el dueño del local.
De acuerdo a las personas que ayudaron a recopilar la información sobre El Foquito de Don Juan, Totó acostumbraba matar gatos y prepararlos en tremendos fricase. Fueron muchos los que probaron esos guisos prohibidos en la Tiendita de Totó. En aquellos años este era el unido colmado del área por lo cual era muy frecuentado por vecino de Borinquen, el Malecón, el Caserío Modesto Cintrón, Caño Verde y de los Solares del Caserío.
Además de colmado, el negocio era un cafetín barra y sitio de juego ya que ahí a diario venían los mejores jugadores de dominó del pueblo.
Este colmado-cafetín dependía mayormente de la venta de pan, arroz, leche, habichuelas, harinas de maíz y trigo, bacalao y toda clase de viandas. Por supuesto no faltaba la venta de bebidas alcohólicas incluyendo su caneca de pitrinche. Para esa época el pan costaba unos 12 centavos la libra, la cerveza a peseta y la leche a 39 centavos el litro.
El colmado luego fue alquilado por Don Peyo Moreno, padre de Miguel Ángel Moreno, Angelito. Este último se convirtió eventualmente en el dueño hasta que finalmente se lo pasó a Don Juan Rodríguez Ortiz, su amigo de muchos años.

Antes de poseer el colmado, don Juan Rodríguez Ortiz era uno de los más consuetudinarios clientes. Don Juan venia a pie desde la comunidad Las 80 para hacer su compra semanal. Don Juan un hombre humilde, honrado, y trabajador acostumbraba viajar todos los años como trabajador agrícola a la recolección de tomates en Glassboro, New Jersey. Durante ese periodo de tiempo Angelito le fiaba la compra a su familia y Juan le pagaba cuando regresaba de los Estados Unidos una vez terminada la temporada de cosecha en las fincas de de tomates.
La amistad de Angelito y Don Juan era de tal naturaleza que en un momento dado Angelito decide abrir un colmado en el Caserío Modesto Cintrón y le deja la tiendita a Juan completamente equipada de mercancía para que este lo administrara y no tuviera que viajar fuera del País. De esa manera surge el Colmado El Foquito de Juan.
Don Juan comienza a operar el negocio en el 1957 o 1958 y al igual que Angelito, siguió la tradición de fiarles a los tomateros de su confianza. También estableció para los niños la pica del vasito en la venta de los limber. Este juego de probar suerte consistía en intentar colocar una moneda de un centavo dentro de un vasito de cristal. El vasito de tomar licor se colocaba dentro de un frasco grande lleno de agua cuya tapa tenía una pequeña abertura por donde el niño echaba la moneda. Si caía dentro del vasito tendría derecho a un limber gratis en adición al que compró.
Algo curioso que recuerdan los clientes del Foquito de Juan es que habitualmente había un pollo encima del mostrador. Este pollo fue empollado debajo del compresor de la nevera. Aparentemente uno de los huevos que solian poner una gallina cerca del congelador se rodó quedando debajo del compresor. El calor sirvió de incubadora y provocó que naciera este pollo sin su madre el cual terminó criandose dentro del local. Desde pollito se convirtió en la mascota de la clientela que acudía diariamente a saciar la sed al local. Como tal, se paseaba tranquilamente entre ellos, alguno de los cuales le daban a tomar cerveza hasta sufrir de los mismos mareos de un borracho.
Para el año 1972 ya Don Juan entregó el negocio a Millito Quiñones, quien había heredado la propiedad de su padre Juan Ayes. Posteriormente El Foquito de Don Juan fue destruido quedando solo el espacio vacío donde antes muchos de nuestros conocidos pasaron buenos ratos.
©Roberto Quiñones Rivera
Muchisimas gracias por esta linda historia es un recuerdo hermoso para mi por que don Juan era mi abuelito y esta historia me comfirma lo amoroso y humilde que siempre fue. y sobre todo recuerdo que yo y mi hermana mayor saliamos de la esculita y pasabamos por donde mi abuelo y nos daba los centavos para hecharle a la pica del vasito. Muchas gracias senor Roberto por traernos memorias tan agradables. Muchos recuerdos a el indio de La Carmen. Andy Rodriguez
Aplausos, Roberto, me divertí mucho con tu relato. También en los suburbios de Buenos Aires se daban estas anécdotas sabrosas. Eran lugares de ocio creativo donde algún poeta garabateaba versos en una servilleta, mientras otros se prendían en la riña de gallos.
Mis felicitaciones.
Gloria
Tantas maltitas que compre alli cuando salia de la escuela y me quedaba en la casa de tío Ramon Luis o de tití Julia en lo que me iban a buscar. Gracias Roberto por tan gratos recuerdos.
El relato “El Foquito de Don Juan” es un homenaje al sacrificio, la honradez, confianza y amistad del puertorriqueño de origen humilde. Estas virtudes (en proceso de extinción) fortalecen la Patria.
Me trajo gran recuerdo lo de la pica del vasito para la venta de “limbers”.
¿Asumió el compresor la paternidad del pollo? …
Mis felicitaciones, pa’ lante Roberto.
Me encanta…. saber la historia de nuestro pueblo nos hace crecer… Sergio, te felicito, esto es historia de verdad!!!
Me recuerdo de esa tiendita
Ese es mi abuelo
Recuerdo muy bien Totó y su tiendita al comenzar el malecón. Él vivía con su familia en una casa detrás de la tienda. Como bien escribe Roberto, se decía que él comía gatos.
En cuanto al sobrenombre de Inés yo no sé si alguien se lo puso o se lo puso el mismo. Cuando se ajumaba el decía, ”yo soy la yegua de Totó.”
Con el correr del tiempo, cuando Ramón Luis Rodríguez, tío de mi esposa Nora, vivía en los solares del caserío, yo iba con él y mi suegro, Ramón Torregrosa, a beber cervezas en esa tiendita. Para ese tiempo era de don Juan.
Roberto, tu relato me trajo muy buenos recuerdos.
Cuando Totó era el dueño de esa tiendita mi familia vivía en el Caserío Modesto Cintrón. Fueron tiempos de carencia, pero contrario ahora, Puerto Rico era un país en ebullición y transformaciones a favor de la gente. Una puesta en marcha para salir de la pobreza estaba en progreso atendiendo a tres cosas fundamentales: salud, educación y trabajo. Era el tiempo en que el País se impuso la tarea de caminar hacia adelante con sus propios recursos y con el deseo de trabajar. Era el tiempo en que nuestros abuelos exigía pan, tierra y libertad.
Recuerdo entonces que Totó tenía una yegua que estuvo a punto de ser arrastrada por la corriente del Río Abey, mientras los noveleros gritaban esperando a ver qué ocurría con la bestia. Fue durante uno de esos eventos de grandes lluvias que ahora llaman depresión tropical y que antes la gente llamaba una platanera, o simplemente una tempestad. La cosa es que la Yegua daba brincos desesperadamente hasta lograr salir de la corriente y salvarse de perecer ahogada.
No recuerdo, y quizás nuestros lectores nos lo aclaren, si el mote de La Yegua de Totó atribuido al legendario Inés Ledée tiene relación con este incidente. Hay quienes dicen que en una ocasión Inés dio varios brincos en reacción a alguna cosa que enfrentó lo que le recordó a alguno de los espectadores de la ocasión los brincos de la Yegua de Totó. Quizas dijo simplemente “brincó como la yegua de Totó. Si esta versión no es la correcta, esperemos a ver que dicen nuestros lectores.
Reciban un cordial saludo desde Chicago de este su humilde servidor.
Gracias Roberto por traernos siempre tan gratos recuerdos. Aunque no lo conozco personalmente siempre leo sus escritos y me gozo y los comparto con mi esposa y demás familia.
Yo recuerdo muy bien la tiendita de Don Juan. También usted menciona a la familia Moreno en su relato. La familia Moreno es muy querida para mí porque Angie Moreno era nieto de don Peyo Moreno, el cual era hermano de mi abuelita doña Cenora Moreno de la barriada Carmen, esposa de don Inés Suarez mi abuelo. La familia Moreno es muy extensa pues aparte de don Miguel Ángel, había varias hermanas en la familia como Rosin, esposa de Guillermo Mateo y madre del doctor Yamil Mateo Moreno y de Guillermo Mateo Moreno. Yo visitaba mucho a mi tío don Peyo y compartía con la demás familia. Dios les continúe bendiciendo siempre… Desde Chicago Raúl Díaz Suarez Moreno “el indio de la Carmen”