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Para decir “Adiós” hay que sentirlo. No basta con decirlo. Hay que hacer un reconocimiento del efecto que esa presencia que ahora despedimos ejerció en nosotros y cual, si alguno, ha de ser el que nos deje una vez emprenda ese viaje que la aleja de nuestro entorno, la otrora presencia. La angustia de vivir o su dicha ha seguirá manifestándose a pesar de lo que se va. Eso no sufre grandes transformaciones.
A diario nos despedimos de muchas cosas para hacer espacio a otras que a diario acogemos. Algunas de esas despedidas son forzadas e incómodas, crean momentos de angustias y nos dejan como en un estado de abandono, de desolación del que nos cuesta trabajo salir. Otras nos llenan de eso que llamamos serenidad y aunque no nos lleva a la total felicidad, nos acerca.
Así como hay muchas clases de “pendejos’, como nos dijo, una vez, FACUNDO, también hay más de un Adiós.
Muy bueno tu poema, Sergio. Inteligente, bien armado y con ese final que nos deja un eco, casi inequívoco, a puerta que se cierra y se bota la llave o como solía decir don Rafa, el de Talas Viejas: “A volar que el sol cambea”.
Nunca, en el sentido más humano, decir Adiós ha sido fácil y mucho menos si es para siempre.
Decirlo tranquilamente con un dejo de ironía presupone la elevación de la razón por sobre las emociones y una cierta reciedumbre muy personal anclada en experiencias extremas con despedidas. Porque el adiós es la marca que sella las despedidas.
¡Existen muchas razones por las cuales despedirnos! Y correspondientemente también hay muchas maneras de decir adiós. Pero decir adiós para siempre conlleva irremediablemente un cierto sentido de desamparo y desolación con consecuencias desgarradoras para los seres humanos que somos los únicos capaces de sentir lo que es una despedida para tener que decir adiós. Rara vez nos encontramos con un adiós rebosante de alegría, pero puede darse y habría que ver qué tipo de emociones lo auspician y el carácter de las personas que albergan esa, a mi modo de percibir, disfuncional rareza.
Corrientemente las despedidas tienen tangencia con separaciones y distanciamientos del suelo patrio, de los seres queridos, del algún ser a quien amamos y hasta de actitudes y apegos irracionales a asuntos materiales pero en fin se trata del fin de un asunto.
El “Adiós “que nos presentas de forma tan hermosa se me revela único.
Esa complejidad de contrastes que va atando a los símiles con sutilezas y desvaríos, suavidades y peligrosidades como forma de acunar el Adiós es muy sugestiva y original.
No debe resultar sorprendente para nadie, en tales circunstancias, que el “ve con Dios” vaya acompañado de un buen deseo y un consejo. “Que te vaya bonito y cuídate”.
Nunca antes alguien había mandado PAL CARAJO A OTRO DE FORMA TAN DULCEMENTE POETICA.
Te felicito por esa gesta. Sigue que vas bien. Perdóname, pero los poetas dicen cosas y los que las leemos pesamos de ellas lo que nos sale de los…………………………………, del alma.
Probando esto
¡Cúantas veces hemos tenido que decirle adiós a cosas que nos cautivan! Hermoso poema.