Después de haber tenido una conversación tóxica, Petra y Pao se dirigieron desde Las Ochenta hacia el pueblo.
En un descuido Pao perdió el control del volante y se estrelló contra un árbol de ceiba que se alzaba imponente después de una cerrada curva. Pao murió al instante. Petra perdió un brazo. una pierna y la mitad de cuero cabelludo.
Sin perder un minuto la ambulancia llevó a la mujer inconsciente al hospital.
Cuando despertó, el Doctor Tolinche le aseguró que la iba a dejar como nueva y más bella que nunca. Ella en sus brazos exclamó:
— ¡Lo sabía! ¡Esto iba a terminar así…!
—Era muy celoso y arrogante. El dinero no es todo en la vida, tampoco las flores ni el romanticismo—dijo exhausta.
Tolinche, que era un gran cirujano, le hizo microcirugía y le puso de nuevo su brazo y su pierna; luego sus cabellos y como si fuera poco, también le hizo un bello tatuaje que le decoró toda su espalda.
Era toda una amazona. La prensa del país entrevistó al gran doctor y le preguntó:
— ¿Cómo puede ser posible que sin estos recursos en la isla usted haya logrado tanta belleza?
—Todo lo hice por amor y pienso casarme con ella—contestó ansioso.
Una mañana llegó el afamado doctor a su recámara con un ramo de flores y su diva se había marchado.
El tiempo pasó y mientras el doctor se hallaba de turno, recibió una llamada de emergencia desde el barrio Borinquen. Un hombre se encontraba yerto y una mujer casi descuartizada. Debajo de un árbol de húcares agonizaba.
—No era celoso, tampoco arrogante, pero el bandido nunca le hizo una comprita a mis hijos.
El doctor le dijo a su enfermero camino al hospital:
—Asegúrame la pierna y el brazo para que no se enmohezcan. El tatuaje se borra con la humedad.
©Edwin Ferrer