Todavía viejo, sus ojos conservaban el fuego que por dentro calcinaba sus vísceras.

—¡Me voy de un Castillo para regresar a las veredas y a los bateyes de Puerto Rico…!

Todos aplaudieron.

—¡Para regresar a las jaldas y a las plazas y al alma de este pueblo…! ¡Yo tengo que regresar al alma de este pueblo!

Alguien gritó:

—¡Que no se vaya!

El reclamó encontró eco en la multitud. Un eco persistente. Un eco abrumador. Un eco…

—¡Ustedes no me pueden pedir que yo traicione mi conciencia…!

En Talas Viejas un mocoso recitaba a Neruda:

“Hay un gordo gusano en estas aguas,

En estas aguas un rapaz gusano

Se comió la bandera de su pueblo

Izando la bandera de sus amos…”

Los aplausos y el escándalo lo ahogaron.