Todavía viejo, sus ojos conservaban el fuego que por dentro calcinaba sus vísceras.
—¡Me voy de un Castillo para regresar a las veredas y a los bateyes de Puerto Rico…!
Todos aplaudieron.
—¡Para regresar a las jaldas y a las plazas y al alma de este pueblo…! ¡Yo tengo que regresar al alma de este pueblo!
Alguien gritó:
—¡Que no se vaya!
El reclamó encontró eco en la multitud. Un eco persistente. Un eco abrumador. Un eco…
—¡Ustedes no me pueden pedir que yo traicione mi conciencia…!
En Talas Viejas un mocoso recitaba a Neruda:
“Hay un gordo gusano en estas aguas,
En estas aguas un rapaz gusano
Se comió la bandera de su pueblo
Izando la bandera de sus amos…”
Los aplausos y el escándalo lo ahogaron.
GRACIAS Roberto. El Prócer es un cuento triste, amargo. Un cuento que relata la agonía del vencido. La suerte de un hombre que murió sabiendo que no era a su conciencia a quien había traicionado, sino a todo un pueblo que hoy reconoce, sin hacer mucho escandalo en eso, que todo es un embuste. Una metáfora. El mocoso, como vez, todavía sigue recitando y lanzando palabras al viento para que el que tenga oídos, que oiga y el que ojos tenga, que vea.
Genial…un mocoso inteligente.