(Dedicado a Gilbert)
Su primera pelea fue en contra de un saco de papas relleno con guata y arena. Kid Gavilán le aconsejó el jabea, cruza y gancho seguido por un uppercut. Así se pasaba las tardes debajo de un árbol de mangó en el solar de Agosto, el mecánico, a la salida del pueblo.
La segunda pelea la hizo en el malecón, versus Chivirico, coronándose nuevo campeón. Era fuerte su pegada, en su pecho, alma de niño. Le gustaba
jugar a los negocios, tal vez su sueño era convertirse en un gran mercader. Comenzó a levantar pesas y la combinación de su fuerza con la agilidad de sus puños logró convertirlo en Kid Malecón.
Un día en la gran Manzana, el Kid debutó en el Sunnyside Garden de la ciudad de Queens en el estado de Nueva York, ganando su primera pelea profesional por nocáut. Luego peleó en un teatro de Manhattan, ganando su segunda victoria por la misma vía rápida. En su tercera pelea, el manager, quien era un raquetero, quería verlo perder, apostando en su contra. El Kid, perdido y desilusionado, se olvidó del boxeo y los hampones lo usaron para negociar sustancias controladas en una esquina del Bronx.
Su cuarta y última pelea la hizo consigo mismo. Al principio iba ganando la batalla en los negocios. El dinero le sobraba, la ropa, las mujeres, etc., mientras aquel demonio amenazante no lo dejaba vivir tranquilo y le pedía más de su conciencia. Un día, agotado, en uno de esos sueños, lo vi tirar el jab, cruzando con un gancho de derecha y un uppercut frente a la plaza del mercado. Me acerqué a su sombra, levanté su mano de campeón, me abrazó y se despidió de mí para siempre en aquel terrible viaje.
©Edwin Ferrer 30/04/2009
Nos aterroriza la posibilidad de que la fiebre porcina se convierta en una pandemia, es decir que se extienda por todo el planeta dejando tras de si una estela de muertes. Pero este relato de Edwin debería crear conciencia que, desde hace años, el Planeta sufre una pandemia que mata millones de seres humanos sin que tengamos que enterrarlos o incinerarlos de inmediato. Son cadáveres que antes de fallecer deambulan muertos en vida. Seres humanos enfermos por un flagelo del que se benefician otros seres humanos inescrupulosos. Plaga que destruye voluntades y causa de muchas otras epidemias. Calamidad que miran de reojo o de espalda muchos gobiernos e instituciones porque enriquecen sus arcas a costa de las víctimas. Dolorosamente, Kid Malecón se quedo en el viaje sin que pudiera tomar un boleto de regreso.