No tiene camello, pero su pensamiento cabalga por los llanos del cañaveral. Tampoco tiene una estrella que lo guie, sólo los sentimientos puros de un corazón fuerte cuyos latidos sigue hasta la central azucarera.

El fuego pasó. La caña ahumada yace a la orilla de la zanja. Con sus botas de trabajo cubiertas de lodo y la cara tiznada por cenizas, cruza ante la mirada de los cortadores de caña que quedan perplejos… nada lo detiene. Ya está cerca.

Llega a la humilde choza parida de rendijas iluminadas. Sonrie, lleva un paquetito en sus envejecidas manos. En actitud reverente se quita el capacete y a los pies del pesebre le deja al niño sus besitos de chocolate. (Hersey Kisses)

©Marinín Torregrosa Sánchez, 29 de diciembre de 2011.