Lo leyó en el periódico, supo que el universo poco a poco iba desentrañando su enigma. De tanto revolver en el caldero, los demonios científicos habían descubierto el por qué de la existencia, la confluencia energética, la aceleración del tiempo, la lluvia de protones, el bosón de Higgs y unas cuantas ecuaciones inteligibles para su cerebro de simio apenas promovido a sapiens-sapiens.

Lo leyó… despojado, paupérrimo de luces, deshonrado de salmos, ignorante del lenguaje matemático y cuántico. Se sacó las gafas gruesas, como para no leer más y se acercó a la ventana umbría, por donde se colaba inquieta la luz lunar de una noche equinoccial. Allí lanzó un grito de trueno, exhalando así los añejos vacíos de certeza; no obstante se rindió de bruces… para invocar un Padrenuestro.

©Gloria Gayoso