A José Inés Díaz
¡Mi primer poemario! Mi entusiasmo se desbordaba como se desborda el agua del Río Nigua cuando llueve torrencialmente.
Lo presentaré a la alcaldía, pensé y acto seguido me dirigí hacia al viejo edificio ubicado frente a la plaza. Me detuve un instante para admirar su antigua torre y su viejo reloj, siempre estancado en la misma hora.
Me pasaron ante el alcalde de turno.
Señor alcalde, acabo de publicar mi primer poemario: La historia de Salinas en verso.
Pues sepa usted, me dijo, que necesitará una patenta para poder venderlo.
©María del C. Guzmán
María, fuiste a la persona más inapropiada para tu caso. Concurro con los comentarios de Josué y de Sergio.
Josué, recuerdo claramente lo que relatas en el comentario al relato de María del C. Guzmán. Me encantaría que relataras lo sucedido con el afiche del Festival de Chiringas de la ETA. Tengo una copia en mi oficina. Son muchos los que lo admiran.
Ante las palabras que acabo de leer, no tengo nada que añadir a los comentarios de Josué y de Sergio, excepto expresar mi total solidaridad y total empatía. Aparenta no ser mucho pero me he quedado mucho más corta de palabras. Un abrazo solidario.
Despues de esa descarga de Josué, mucho hay que añadir, pero se necesitarian millones de caracteres bit para decirlo. Sólo diré que conozco de cerca y de lejos la persecusión de que han sido objeto los puertorriqueños durante estos pasados 100 años, pero pocas veces he visto su cara. Se trata de la peor de las persecusiones porque es solapada, pero igual de cruel. Busca matar tu espíritu, aunque no te toque un dedo, para guardar las apariencias. Recurre a la tortura fisica dentro de los más misteriosos e impenetrables escenarios para culpar a la víctima de sus laceraciones físicas. Y cuando ya no pueden destruir el alma, matan el cuerpo luego de proyectarle a la gente una imagen de forajido, loco, raro o de persona que andaba en malos pasos.
Unos meses antes de nacer mi segundo hijo, Darit Abey, lo que me profetizo, años antes, Toñito, era ya una realidad aplastante en mi diario vivir: la literatura y el independentismo es como darles motivos a la gente para que te jodan como me han jodido a mi toda la vida. Pero como yo tenía mentalidad de perro viejo que no aprende trucos nuevos, sus palabras me entraron por un oído y me salieron por el otro.
Esperaba mi segundo vástago y nadie me daba empleo porque a mi pueblo le encantan las artes y admira a los independentistas, pero todo se queda en la boquilla.
Entonces, ante la necesidad de unos dólares se me ocurre la idea “genial” de invertir lo poco que me quedaba para comprar latas de pintura, papeles y otras parafernalias del oficio serigráfico, para hacer un afiche que apelara a ese grande amor que los salinenses cacareamos por lo nuestro, con el objetivo de ganarme un dinerito que con tanta urgencia necesitaba.
El producto de aquella empresa de alto riesgo fue un cartel con la imagen del pipote, mirando de Talas Viejas a El Pueblito, en un día soleado, hermoso, porque así era de esperanzador para mi aquel afiche.
Una vez lo terminé, yo que soy un pésimo vendedor, me fui por el pueblo a vender mi trabajo y no hubo un solo lugar donde lo mostrara que no despertara en los que lo vieron exclamaciones de aceptación.
“Precioso”, decían todos. Pero cuando les dije el precio ($10.00) el silencio no se hizo esperar.
Ese día llegué a casa con todos los carteles y sin un solo centavo en los bolsillos.
Pensé, quizá $10.00 es mucho dinero. Mejor lo bajo a $5.00.
Al otro día, con el mismo producto, la misma esperanza y otro precio, logré vender 4 al precio rebajado y dos a mitad de precio.
Pasó entonces que al otro día los ofrecí a $2.50 y vendí 3.
Cuando, frustrado, derrotado y desbancado, opté por regalarlos, hubo gente que se llevó más de uno para enviarlo, como regalo, a un primo en Nueva York y no recuerdo qué amigo en San Juan.
Con los años, abogados y médicos hubo, los mismos que me regatearon precio al punto de conseguirlo de gratis, que, al verme, se llenaban las bocas elogiando mi talento, como si yo no fuera aquel imbécil que prefirió regalarles algo que no merecían en lugar de mandarlos al carajo.
Tu estampa, amiga María, en una segunda lectura, me trajo el recuerdo que les cuento, como el que se arranca del pecho un puñal que le enterró, a sangre fría y sin ningún motivo, un hermano.
Tú y yo nos hemos jugado la vida a ser lo que somos y a TODOS ellos, por no servirles de lo que ellos son, les hemos sobrevivido.
Perdonen los que no saben de dónde viene mi descarga, María y yo sabemos su origen y eso es suficiente.
Josué