Con motivo al natalicio de Tilita Sosa, 10 de mayo, y del aniversario de su fallecimiento, 27 de mayo, presentamos a nuestros lectores sus memorias Tejido Solariego
Gente, Salinas del Abeyno (P.R.)
Tilita
Gente, Salinas del Abeyno (P.R.)
Con motivo al natalicio de Tilita Sosa, 10 de mayo, y del aniversario de su fallecimiento, 27 de mayo, presentamos a nuestros lectores sus memorias Tejido Solariego
Ahora coprendo un poco mejor a mi nieta Ariana, hija de mi hijo Darit Abey, pues, al igual que la siempre bien recordada Tilita, nació un 10 de mayo, que es, en México, Día de la madre.
Al igual que lo fue Tilita, Ariana es independiente, inquisitiva y carga en el rostro, en la mirada y al andar ese aire de mujer libre y liberada que también vi en mi tía Cruz.
Los que, como yo, tuvieron el placer y el honor de conocerla e intimar con ella, que no era cosa fácil, porque su personalidad no permitía muchos acercamientos, tuvieron, como lo tuve yo, la enriquecedora experiencia de haber tomado sombra de un árbol, cuyas raíces no han muerto ni morirán
Tila fue mujer de muchos talentos y de una belleza física, en sus años de mocedad, y una belleza espiritual, siempre, que no había maneras de estar a su lado sin recibir el impacto de su embrujo.
Dulce y de pensamiento razonado, muy reflexiba y tolerante. Pero cuando el momento exigía entrega, compromiso y valor, era una fiera. Una leona capaz de mantener a raya a su adversario con una sola de sus miradas.
La quise mucho y disfruté su compañía y, creo, que ella sintió por mí igual afecto. Lo digo así porque ella no expresaba esos sentires con palabras y mimos, sino con gestos y esa magia que saben transmitir los que pasan por la vida concientes de lo que son y de su destino.
Un beso Tila, desde este lado de la realidad. Te quiero.
Josué
Dos seres humanos que enaltecieron el nombre de Salinas. Con este poema dejan esta huella que vamos siguiendo con el estandarte de nuestro pueblo. Los honro a los dos con una copita de vino moscato.
Fue en La Tablita cuando, por primera vez, escuché esos versos que Toñito dedicó a Tilita.
Recuerdo que me tomaba una Miller, pequeña, de botellita, a la que denominábamos “La rubita de Miller”, y como todo un perro sato criado en Talas Viejas, me asomé por el falso de una de sus puertas para decir una cursilería a una muchacha que pasaba, cuando Toñito, que estaba al cruzar la calle, me vio. Se brillaron los ojos y lo invité a que me acompañara. No opuso resistencia. Toñito no solía rechazar invitaciones como aquella.
Ya algo entonados, el tema de la literatura se impuso por impulso natural, y fue, entonces, cuando sacó del bolsillo de su camisa rayada un papel, varias veces doblado, de donde me leyó el poema que ahora comento.
Pasaba con Toñito como con Agustín Lara, que sin ser cantante, en su voz sus inspiraciones cobraban vida y se hacían inimitables e insuperables intérpretes de sus melodías.
Cuando terminó de decir aquel poema yo sentí una envidia sana, que era mi manera de demostrarle mi inconmensurable respeto y admiración, por aquel hombre a quien todos en el pueblo daban por loco, insolente, soberbio, malhablado e irreverente porque NUNCA vieron su grandeza y su talento.
En aquel momento de mi vida admiré la belleza de los versos, su ritmo que me llevaba a un estado de solaz, a un remanso para mi hermoso e inexplicable. Su musicalidad y esa transparencia de riachuelo virgen donde podía en su fondo el alma incontaminada del poeta.
Toñito fue un ser maravilloso. Un favorecido de los dioses. Un Príncipe de la palabra.
Virgenmina Sosa, Tilita, fue, en Salinas, con algunas diferencias, más de estilo que otra cosa, la contraparte de Toñito. Una mujer adelantada a su época, incomprendida por sus compueblanos por ser poseedora de un carácter y una manera de percibir y enfrentarse a la vida poco convencional. Ella, como Toñito, vivieron la vida a su manera. De seguro sufrieron en carne propia sus equivocaciones. Pero mandaron al carajo a todos los que juzgaron sus acciones porque ellos tenían la certeza de que habrían de sobrevivirle a todos.
Cuando les llegó el momento, tanto Toñito como Tilita, cortaron el árbol viejo e hicieron de el una fogata que hoy arde en cada uno de nosotros con más intensidad cuanto más emulamos el gesto de nuestro poeta honrando a nuestros valores con estilo, con clase y con proyección de futuro.
Muy hermosa y valiosa esta entrada que honra a dos glorias nuestras: Antonio Ferrer Atilano y Virgenmina Sosa Santiago.
Josué