Estudiantes universitariosMis colegas y yo hemos estudiado la relación entre educación superior y pobreza en Puerto Rico desde el 2006. A raíz del trabajo comunitario y de la investigación con jóvenes y adultos en espacios económicamente desaventajados, podemos decir hoy que compartimos una meta, un norte académico y moral.

Creemos firmemente en que, por el bien del país y de sus individuos, más jóvenes puertorriqueños, y especialmente aquellos que vienen de los hogares más pobres, deben graduarse de la universidad. Es decir, nos parece urgente lograr que nuestros jóvenes más pobres, 1) estén mejor preparados para la universidad y más expuestos al rigor académico en sus escuelas, 2) soliciten y sean admitidos a la universidad que más les convenga, y 3) se gradúen de la universidad.

La reacción a este mensaje ha sido mixta. Ha habido mucho apoyo, resonancia y entusiasmo, pero también serias dudas, algunas de las cuales quiero atender.

Nos han dicho, por ejemplo: “Ya hay demasiada gente en las universidades y no hay suficiente empleo”. La crisis de empleos es real. Pero resulta dudoso plantear, como respuesta, que la gente se eduque menos o que los universitarios son “demasiados”. El censo indica que solamente cerca del 20% de la población cuenta con un grado de bachillerato, y casi el 34% de la población puertorriqueña mayor de 25 años no tiene un diploma de escuela superior.

Más dudosa todavía es la idea de que reducir la proporción de universitarios es bueno para la economía: el ingreso mediano de un graduado de escuela superior ronda los $11,000, mientras que el de un graduado de bachillerato se acerca a los $46,000. Peor aún: nuestros hallazgos demuestran que mientras más pobre un estudiante, menor es la probabilidad de que solicite, sea admitido y se gradúe de la universidad. Además, esto es especialmente cierto en los programas que ofrecen mayor movilidad social como las ciencias, la medicina y las ingenierías. Cabe preguntarse, cuando hablamos de “universidad para algunos”: ¿a quiénes estamos excluyendo?

Nos dicen también cosas como “aumentar el acceso a la universidad implica debilitar los currículos y devaluar el conocimiento universitario”. Eso no es ni cierto ni deseable. De lo que estamos hablando es de proveer oportunidades reales en las escuelas y universidades. Que los estudiantes aprendan más, no menos.

Dos universidades públicas californianas ilustran bien este concepto. En San Diego, la universidad trabaja directamente con distritos escolares de mucha pobreza, educando y apoyando a estudiantes, maestros y consejeros, y logrando que más estudiantes logren ser admitidos. En Northridge, la universidad invierte recursos humanos y económicos, incluyendo a sus mejores profesores, en cursos y programas remediales para los estudiantes admitidos con mayor necesidad académica, que (allá y acá) tienden a ser también los de mayor necesidad económica.

¿Nuestra realidad? No hay suficientes oportunidades académicas en nuestras escuelas. Casi el 80% de nuestros estudiantes asiste a escuela pública. En mi pueblo, por ejemplo, hay dos escuelas públicas superiores. En una de ellas, no hay currículo preparatorio (mal llamado “avanzado”). En la otra sí lo hay, pero está por lo general disponible solamente para una minoría (menos del 10%) del estudiantado.

Muchos estudiantes deciden, temprano en su vida, que la universidad y el conocimiento no son para ellos, y el País, a veces, parece hacerles eco. “Esos nenes no tienen interés”, es probablemente lo más doloroso (y frecuente) que nos ha tocado escuchar. “No quieren estudiar, no les interesa la universidad”.

Pero, como dicen mis colegas: poder es querer. Si alguien (o su hijo) nace en una circunstancia en la cual la motivación, la expectativa y la preparación para la universidad están presentes, resulta muy difícil que no se convierta en universitario. Lo inverso también es cierto.

Si queremos más “interés”, tenemos que convertir el desarrollo de ese interés y de la preparación académica que debe acompañarlo, en un proyecto de país.

Tal vez es nuestro proyecto más urgente.

Tomado de Parpadeando