Los limpiabotas del pueblo le aseguraron que el avión del campeón regresaría a Nueva York antes del anochecer. Esa festiva mañana del año 1965 se fue sonriente para Las Jaguas a esperar la aeronave que lo llevaría a reconstruir su vida en la gran ciudad.
En el pequeño aeropuerto, el alcalde y su comitiva recibieron con alfombra roja al nuevo campeón de los pesos semicompletos. Luego iniciaron una caravana hacia la plaza del pueblo donde los aguardaba el vitoreo de los orgullosos compueblanos que celebraran aquella histórica hazaña.
En la pista de aterrizaje solo quedó el piloto y el copiloto del avión. Cuando se descuidaron el muchachito salió del cañaveral, entró por la cola del avión y se escondió en la carga.
En pocas horas aterrizaron en un campo de Cuba y entregaron la nave a las güerillas del Che. Allí lo conoció y en pos de sueños justicieros el muchachito reconstruyó su corta vida en Bolivia, bien lejos de la gran urbe.
©Roberto López